LA MALA-PRAXIS DE LA PSIQUIATRÍA

LA MALA-PRÁXIS DE LA PSIQUIATRÍA

Artículo de Paul Levy
http://www.awakeninthedream.com/wordpress/

Traducción Gladys Molina EmpoweredByKnowledge©Mayo 2015

Entré por primera vez en el mundo psiquiátrico en medio de un despertar transformador de la vida espiritual que se había catalizado debido al intenso abuso emocional de un padre psicópata. Espiritualmente emergiendo en una parte más amplia y completa de mi mismo, estaba empezando a reconocer la naturaleza onírica del universo, un universo en el que todos estábamos inseparablemente interconectados entre sí. Estaba tan entusiasmado con mis realizaciones que la patrulla anti-bienaventuranza consiguió alertarse y se me internó en hospitales psiquiátricos, donde fui (mal)diagnosticado y medicado fuera de mi mente de tal forma que mi despertar espiritual quedó extinguido dejándome traumatizado—literalmente, me enfermé—por el el tratamiento que recibí. Mientras estaba bajo el “cuidado” de la psiquiatría, fue una pesadilla de vigilia: cuanto más se me solidificó en el papel de ser el enfermo, mas enfermo me ponía, que, en un circuito diabólico de retroalimentación auto-perpetua, sólo confirmaba a los psiquiatras cómo de “enfermo” realmente estaba. Después del “tratamiento” que recibí del sistema psiquiátrico, me puse realmente enfermo. Era como si hubiera entrado en un hospital padeciendo una enfermedad, y tratado como si tuviera una enfermedad ilusoria completamente diferente que no sólo hizo que mi enfermedad real empeorara, sino literalmente, me volvió loco, completamente destruyendo cualquier apariencia que tenía de una familia, casi matándome. Para usar un ejemplo físico, fue como si entrase en el hospital sufriendo de cálculos renales y los médicos eliminasen mi apéndice en su lugar. Esencialmente, la psiquiatría echó gasolina en el fuego de la parte patológica de mi proceso, tratando el aspecto saludable de curación de mi proceso como si fuera un tumor canceroso que necesitase ser exterminado a toda costa, y yo sería el que pagara la factura.

No sólo fue mi despertar espiritual no reconocido sino, más bien, patologizado en su lugar, pero además, no se me creía sobre el abuso de mi padre; al contrario, la psiquiatría estaba en connivencia con mi padre y, sin saberlo, promulgó una variación del mismo abuso que yo estaba señalando. Para colmo de todo, se me diagnosticó de tener una enfermedad mental que no tenía, y obligado a tomar medicación con el fin de “corregir” lo que todos y cada uno de los psiquiatras que me trataron me decían que era un “desequilibrio químico” en mi cerebro. (Sin yo saberlo por aquel entonces que el DSM III acababa de publicarse el año anterior anunciando este “descubrimiento”). Esta “teoría” del desequilibrio químico se comprobó posteriormente de ser totalmente falso.

El diagnóstico es una pendiente resbaladiza; pudiendo ser muchas veces una cortina de humo para la ignorancia. Jung describe un cierto tipo de entendimiento que me imagino informa muchos diagnósticos como “un poder vinculante al temor, a veces un verdadero asesinato del alma.” [énfasis añadido].

Cuando se me dio un diagnóstico tallado en piedra por parte de los psiquiatras que tenían una completa certeza de lo que ellos pensaban que estaba pasando dentro de mí, pero que en realidad tenían menos que ni idea alguna, lo sentí como “un verdadero asesinato del alma.” El lado oscuro de la diagnosis es que es el resultado de mirar fijamente al fenómeno con la “mirada objetiva,” esa “éticamente científica mirada en blanco, sin corazón,” lo que el fallecido psiquiatra RD Laing lo llama; una mirada que “ni nos ve ni nos oye.” Cuando recibí mi diagnóstico psiquiátrico, el decir que me sentía “invisible” era un eufemismo. A la vez que los psiquiatras me estaban colocando sus diagnósticos erróneos, yo a la vez lo estaba diagnosticando a ellos en mi cabeza de ser simplemente increíblemente estúpidos (lo que yo llamo simplemente “el diagnóstico estúpido”). Laing continúa, “los métodos utilizados para investigar el mundo objetivo, que se nos aplica, son ciegos a nuestra experiencia, necesariamente, y no pueden relacionarse con nuestra experiencia. Tal método ciego, aplicado ciegamente a nosotros, es susceptible a destruirnos en práctica, como ya lo ha hecho teoría”.

Soy realmente afortunado de haber escapado de la psiquiatría con mi cordura intacta. Al ser mal diagnosticado por la psiquiatría como de padecer un desequilibrio químico en mi cerebro, mis percepciones acerca de la naturaleza de mi propia experiencia se eliminaron de tener validez alguna, como si yo estuviera siendo tratado como un “in-valido” mental (que realmente te “vuelve loco”). Me sentí tanto objetivado como marginado en mi propio tratamiento. Al consultar su manual de diagnóstico santificado, el DSM, era como si el psiquiatra estuviera leyendo de un grimorio, tratando de coincidir con lo poco que entendían de mi experiencia a algo que algún otro escribió en un libro; fue realmente demencial. Cuando me diagnosticaron, fui rebajado de tener una condición existencial plena como ser humano soberano, ya que no se me consideraba ser el árbitro de mi propia experiencia o poseedor legítimo de mi propia imagen o definición de mí mismo. Una vez recibido mi diagnóstico, como si mi condición fuese grabada en piedra, todo lo que dijera o hiciera desde ese momento era visto a través de la lente embrutecedora de mi diagnóstico.

Jamás ha sido establecida una línea de base normal para “equilibrio químico”; la teoría del desequilibrio químico fue una falsificación total y absoluta, en la que sus defensores fingieron que sabían algo que no sabían. No existe prueba de laboratorio definitiva para ningún tal llamado trastorno mental. El Dr. Allen Frances, que ha sido llamado “quizás el más poderoso psiquiatra en América” y quien en 1994 encabezó el proyecto de escribir la última edición de la biblia psiquiátrica, el DSM-IV, recientemente hizo la denuncia de su propia profesión. En una entrevista con Gary Greenberg de la revista Wired, Frances dice “No existe definición del trastorno mental. Son patrañas, quiero decir que simplemente no se puede definir”.

Las diagnosis actuales sobre trastornos psiquiátricos es como aquellos mapas medievales que trataban con los lugares en los que no sabían lo que estaba pasando mediante la escritura “Aquí Viven Dragones.” Aquí los “dragones de días modernos” son todos los diversos diagnósticos psiquiátricos inventados con el fin de llenar los espacios en blanco para aquello que no sabemos. Para citar al Dr. Ronald Pies, editor en jefe emérito de la publicación Psychiatric Times, “En verdad, la noción del ‘desequilibrio químico’ siempre fue una especie de leyenda urbana—nunca una teoría seria propuesta por psiquiatras bien informados.” Y, sin embargo, todos y cada uno de los psiquiatras (y había muchos) que me vieron en todas los múltiples hospitales, siempre me dijeron que estaba sufriendo un desequilibrio químico en el cerebro. ¿Eran todos simplemente algunos de la variedad “menos-informada” de psiquiatras? Pies continúa, “En los últimos 30 años, no creo haber oído jamás a un psiquiatra con conocimientos, bien entrenado hacer tal reclamación absurda [como el desequilibrio químico en el cerebro], excepto tal vez para mofarse de tal afirmación…la ‘imagen del “desequilibrio químico” ‘ha sido vigorosamente promovida por algunas compañías farmacéuticas.” ¿Eran todos los psiquiatras que me dieron mi “absurdo” diagnóstico,” un diagnóstico que era digno de “mofa” por los entendidos, no entendidos ni bien entrenados? La declaración de Pies sobre la idea de la “vigorosa promoción” del desequilibrio químico por parte de algunas compañías farmacéuticas” es reveladora, ya que verdaderamente sopla la tapa de lo que realmente ha estado pasando.

Ha salido a la luz que las compañías farmacéuticas sabían todo este tiempo que la idea de un desequilibrio químico era inventada (construida por personas cuyos cerebros estaban verdaderamente químicamente desequilibrados, debo añadir). Fabricada por el departamento de marketing de la industria farmacéutica, la noción de un desequilibrio químico fue el producto de una imaginación febril informada por sueños de pasta gansa, con el fin de dar a la gente una razón para comprar sus fármacos. Las compañías farmacéuticas no van de “sin fines de lucro;” ellos existen para lograr beneficios, es decir, la moral se quede atrás. Al querer hacerme parte del aparato de su sistema, la psiquiatría quería cosechar mi dinero, mi tiempo, mi fuerza vital, mi mente y mi salud mientras uno diagnóstico invariablemente seguiría a otro en una espiral sin fin que sin duda habría terminado mi vida tal como la conozco. Si esto no maldad, no sé lo que será.

Pero divago. Una vez en las garras de la psiquiatría, fui entonces medicado para sanar mi desequilibrio químico recién diagnosticado (la medicación sirviendo para abortar mi despertar espiritual y apagar mi creatividad), y se me dijo que tendría que estar medicándome hasta mi último aliento. Un médico incluso “garantizó” (me pregunto ¿si puedo conseguir que me devuelvan el dinero?) que tendría esta enfermedad por el resto de mi vida. Estaba siendo condenado a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional, y tiempo libre por buena conducta (Cabe señalar que no he tomado ninguna medicación psiquiátrica durante más de treinta años, sin “episodios” que, desde el punto de vista psiquiátrico, es imposible si yo realmente tuviera lo que ahora se llama enfermedad bi-polar). El hecho de que yo quería dialogar sobre esto y cuestionar su diagnosis no sólo los enojaba, sino que era una demostración, para los psiquiatras a cargo de mí, de mi supuesta enfermedad. Los psiquiatras esperaban que algún día me harían “un miembro activo de la sociedad;” Yo, por el contrario, tenía la esperanza de hacer de la psiquiatría un miembro activo de la sociedad, no un día en el futuro, sino ahora mismo. La psiquiatría no sólo quería darme un diagnóstico, sino que quería inaugurarme en toda una nueva “carrera” como enfermo mental. En mis sueños más salvajes no podía imaginar algo más parecido a un campo-infierno que la psiquiatría. Fue sólo años después de haber salido de la comunidad psiquiátrica que comencé a re-contextualizar y replantear mis experiencias con la psiquiatría como un descenso chamánico al inframundo, en las profundidades de una versión moderna de Hades. Lo que estaban haciendo los psiquiatras era verdaderamente demencial, y enloquecedor. Los psiquiatras están entrenados para patologizar; y una vez diagnosticado y etiquetado con una enfermedad mental, mi comportamiento era miopicamente inspeccionado a través del lente de la patología, que solo servía para extraer el aspecto patológico de mi proceso, adicionalmente confirmando a los psiquiatras lo correcto de su diagnosis en una profecía auto-cumplida. Por ejemplo, una vez que mi lucidez emergente fue violentamente cerrada por la psiquiatría, empecé a sentirme deprimido, que era una cosa “normal” de sentir en tales circunstancias horribles. Mi sensación de depresión inspiró a los psiquiatras, sin embargo, para consolidar su diagnóstico de mí como maníaco-depresivo (ya que ahora estaba siendo visto como entrar en “ciclos” de la fase depresiva de mi “enfermedad”), y entonces me recetaron un antidepresivo para “ayudar a “mi depresión, añadiendo al cóctel de litio y anti-psicótico en el que ya tenían. Era como si hubiera vuelto a crear mi trauma de familia-de-origen—en palabras de Freud, “nuevas ediciones de viejos conflictos”—sólo que esta vez era con medicamentos.

Mientras pasaba el tiempo bajo su vigilancia, el componente de despertar espiritual de mi experiencia se desvaneció a segundo plano, y el abuso no resuelto de mi padre vino hacia la delantera, frente y al centro; esto tiene mucho sentido, ya que lo que la psiquiatría estaba haciendo era simplemente una variación sobre un tema, una iteración del mismo abuso. Luego, en un aún más enloquecedor doble vínculo, el hecho de que yo quería hablar sobre el abuso de mi padre se convirtió justo en la cosa por la que fui aun más patologizado. Y, en un verdadero “alucine mental”, al igual que mi padre, se me dijo que el tratamiento que estaba recibiendo de la psiquiatría era “por mi propio bien.” Los psiquiatras eran como los sumos sacerdotes de una religión moderna, científica que había invertido en ellos con el poder del Estado, la habilidad de considerar quien estaba cuerdo y a “condenar” a quien estaba demente. Por inconscientemente identificarse con sus posiciones de poder, rango y privilegio, fueron monopolizando el papel del sano, inconscientemente, “fundiendo” al paciente, en este caso a mí—en el papel solidificado del que está enfermo. El sistema psiquiátrico estaba bajo un espejismo de creación propia auto-refuerzo (¿existe un fármaco para esto?), ya que estaba lanzando simultáneamente un hechizo tanto sobre sí mismo, así como sobre sus pacientes. La mala práctica del sistema psiquiátrico es más difícil de ver que en otros campos más concretos, y por lo tanto, la incompetencia y el daño a menudo pasan desapercibidos, ya que operan en la provincia de la psique, donde gran parte está oculto, envuelto en tanto misterio como incomprensión, de entrada. Aunque la enfermedad en un sistema familiar es fundamentalmente de naturaleza no-local, es decir que impregna todo el sistema, típicamente se hace “localizado” y se cree de existir únicamente en el miembro que en el casting le dieron el papel del “paciente identificado”—en este caso, a mí. La psiquiatría me trató como si yo existiera como una entidad aislada que tenía una “enfermedad” no relacionada con la familia de la cual yo era parte. En un sistema familiar, los miembros no son vistos como “partes” independientes del sistema existente; más bien, todos los miembros son vistos de modo relacional, lo que es decir, uno relativo al otro, como hablar en última instancia, cada miembro interdependiente no existe aparte de toda la red de interrelaciones dentro del sistema. La patología aparente en cualquiera de los miembros de la familia son a menudo derivativos de las interacciones mutuas, las comunicaciones, la dinámica de la sombra y cuestiones de poder inconsciente entre sus miembros. Esto quiere decir que si alguien se enferma en la familia, es importante colocar su enfermedad en el contexto más amplio de las relaciones ínter-subjetivas dentro del sistema familiar, que es la matriz subyacente de la cual se originó la enfermedad y continúa manteniéndose. Dado que la familia es un sistema contenido interiormente, además de ser una expresión de, un campo interconectado más profundo, cuando un miembro de la familia se “enferma,” es una expresión de una patología en todo el sistema y el campo más profundo.

Al convertirme en el paciente identificado, yo también había asumido inconscientemente el papel arquetípico del “chivo expiatorio,” el cordero del sacrificio que típicamente porta el sistema familiar -que en mi caso, ahora incluía la de escisión, repudio, sombra inconsciente y locura de la psiquiatría-. Traté de explicar a los psiquiatras en efecto ESTABA enfermo, sin embargo, pero no en la forma en que ellos estaban imaginando. Yo sufría de una enfermedad creativa psicológica—una “enfermedad de curación” –que era la manera que tenía mi psique para metabolizar el trauma de tener un padre psicópata que tenía un cheque en blanco para escenificar su patología. No era un maniaco-depresivo; mas bien estaba “perturbado” en cuanto a que mis “emociones” estaban “trastornadas” debido a ser el receptor del abuso excesivo a manos de un desesperadamente enfermo, padre sociópata. Pero Los psiquiatras no querían saber nada de eso, sin embargo, ya que eran de la opinión de que sabían lo que estaba sucediendo—tanto dentro de mi mente y en mi familia—mejor que yo. Yo no tenía legitimidad en sus ojos con respecto a mi propia experiencia, como si no tuviera título psicológico a mi propia experiencia, esto era realmente “enloquecedor” más allá de lo que jamás había imaginado, ni siquiera en mis sueños más salvajes. Todo el asunto era tan de ciencia ficción como una película de terror—más allá de lo increíble, y sin embargo, en realidad estaba sucediendo. En el sistema psiquiátrico, me encontré en un lugar de sensación realmente “hechizado,” como bajo una maldición y controlado por magos negros, donde la realidad estaba invertida de tal manera que realmente era una locura de saca-me-de-aquí. Esto es lo que escribí en la Epílogo de mi reciente libre Disipando a Wetiko, Rompiendo la Maldición de la Maldad:.

“Yo, sin embargo era uno de los afortunados, ya que fui capaz de liberarme de los horrores draconianos de la Edad de Piedra, del “poder hace la razón” de nuestro sistema de salud mental, tan pronto como me fue posible. En retrospección, el tratamiento en conjunto que recibí de la psiquiatría esta verdaderamente escalonando en su incompetencia y nivel de abuso; Apenas rasco la superficie [en estas palabras]. La escandalosa falta total de percepción acerca de la naturaleza de la mente por parte del sistema psiquiátrico es verdaderamente trágica y causa gran daño. El grado de des-servicio y maltrato que recibí de la comunidad de la “salud mental” ha sido tan traumática y abrumadora que he tardado mas de treinta años para siquiera comenzar a envolver mi mente alrededor del error que fue escenificado. El abuso que sufrí a manos de la comunidad psiquiátrica, que encarnaba verdadera violencia psicológica en mis carnes, está tan alejado de mi comprensión que incluso ahora forcejeo para encontrar las palabras, me esfuerzo porque el abuso fue una forma de tortura verdaderamente “inexpresable.”

La actuación de la psiquiatría fue verdaderamente criminal, una forma de locura criminal. La psiquiatría es completamente inconsciente de la carnicería psico-espiritual inconcebible que están causando estragos a escala mundial con el fin de aumentar la conclusión que son las ganancias corporativas. Ciegamente promulgando su sombra en su tratamiento de pacientes como “objetos,” en lugar de seres humanos con los que estar en “relación,” el sistema psiquiátrico se había involuntariamente convertido en instrumentos de lo que el pueblo de nativos americanos llaman “Wetiko”—simplemente dicho, el espíritu del mal que está en la raíz de la inhumanidad de la propia humanidad—la misma enfermedad psico-espiritual sobre la que yo años más tarde escribiría un libro. Después de haberme graduado de la universidad unos años antes, mientras que mis amigos universitarios estaban en la escuela de posgrado ocupados estudiando para convertirse en médicos, abogados y profesores, yo estaba siendo “certificado” de una manera diferente. Poco me di cuenta en ese momento de que mis incursiones en la psiquiatría eran “trabajo de campo” en la que yo estaba reuniendo datos para prepararme para el trabajo de mi vida futura.

En un despertar espiritual, las viejas y anticuadas estructuras de la psique se están descomponiendo, lo que puede convertirse en un gran avance, sin embargo, dependiendo de cómo es contenida y relacionada con la comunidad circundante y desplegada. La des-integración de la personalidad puede ser el comienzo de un acercamiento a una mayor coherencia y nivel unificado de la consciencia. Cuando alguien está teniendo una emergencia espiritual, es como si se hubieran roto un hechizo de toda la vida y comenzando a ver a través de la ilusión de la realidad consensuada que se teje alrededor de nosotros; debido a esto por lo general están en un estado muy abierto, vulnerable, fluido y frágil.

Cuando la persona que está espiritualmente emergiendo está siendo juzgada y patologizada (por el mundo, sus amigos, su familia y “las autoridades,” es decir, la psiquiatría), sin embargo, esto puede provocar, literalmente, la parte patológica de su proceso a manifestarse, que simplemente confirma a aquellos que los están patologizando la verdad objetiva de que la persona se encuentra de hecho en un estado patológico, ya que ahora tienen aún más pruebas para demostrar la rectitud de su juicio, hasta el infinito. Este proceso—un bucle de perpetúa auto-retroalimentación—puede convertirse rápidamente en una pesadilla para la persona que estaba despertando, ya que, literalmente, puede hacer que se enferme. Antes de que mi despertar llegara a ser violentamente cerrado por la psiquiatría, mi sentimiento subjetivo interno era que mis oraciones estaban siendo contestadas—el trauma por parte de mi padre estaba siendo puesto en libertad y liberado.

En un despertar espiritual, se libera una enorme cantidad de energía psíquica y latente creatividad, como si una pelota de playa mantenida bajo el agua fuera soltada hacia su flotabilidad natural. Hablando sobre el nacimiento de la verdadera personalidad y su “efecto terapéutico, “Jung escribe que es “como si una piedra yacente en una semilla que germina se levantara de manera que el brote pudiera comenzar su crecimiento natural.” Típicamente cuando algo es mantenido suprimido durante largo tiempo, puede haber una sobre-compensación en una dirección hasta que “el brote” brotando de la semilla que germina de la personalidad obtiene de forma natural un equilibrio con el tiempo. Por lo general, la persona que está despertando puede llegar a ser bastante “entusiasta” (“en- theos” significa estar lleno de espíritu) de la “buena noticia” de la que se están dando cuenta (“¿Has notado que este universo es un sueño de masas compartido?”), que puede ser fácilmente interpretado como una forma de “manía.”

En su etapa inicial, un despertar espiritual puede, y a menudo lo hace parecerse e imitar una depresión nerviosa, mientras las estructuras habituales de la persona en mantenerse a sí mismos en una pieza se desmorona, mientras está siendo reescrita su constitución interna. Las culturas indígenas de todo el mundo son más conscientes que nuestra sociedad moderna, industrializada de que cuando alguien comienza a actuar de una forma un poco “rara,” podría ser el comienzo de su llamada a potencialmente convertirse en un chamán o curandero, un papel que beneficiaría a todos. Una vez que mi despertar espiritual se encendió, no tengo ninguna duda de que todo cuanto necesitaba era un número de meses, tal vez incluso un año, para tener un contenedor seguro, con el apoyo de amigos, familiares y mentores que me ayudasen a integrar lo que me estaba siendo revelado. En lugar de ser patologizado, medicado y todo lo demás, que simplemente aborta un proceso más profundo que estaba surgiendo, todo lo que necesitaba era tener mi proceso sostenido de cierta manera para que de forma creativa pudiera desplegarse y metabolizarse y asimilarse de forma natural.

Las experiencias de traumas, heridas y abuso casi siempre inician y catalizan el “arquetipo chamánico” para comenzar a formular y cristalizarse en el inconsciente. Esto precipita una parte más profunda de la psique a movilizarse, mientras la persona promulgando el arquetipo chamánico viaja profundamente a su interior, volando sobre las alas de su imaginación creativa con el fin de abordar y conocer lo que se ha conseguido activar dentro de ellos. Debido a que los despertares espirituales se catalizan por experiencias de heridas, abuso y trauma, en un genuino despertar espiritual hay casi siempre una co-unión de factores sanos y patológicos. La idea es de nutrir el aspecto saludable de el proceso de modo que se haga más fuerte, y los factores patológicos, naturalmente, se caen mientras se integran en la totalidad de la psique de reciente aparición. No era solo que estaba teniendo un despertar espiritual siendo esta mal-diagnosticada como enfermedad mental; debido mayormente al “tratamiento” recibido de la psiquiatría, literalmente fui enloquecido. Recuerdo a un psiquiatra (que el mismo era lo que Woody Allen bien podría llamar un “chiflado máximo”) fervientemente insistiendo que yo había tenido un “brote psicótico” de la realidad. Yo incuestionablemente había brotado del trance de la realidad consensuada; bien fuera yo o el psiquiatra el que realmente había tenido el brote psicótico, era más bien la pregunta en mi mente, una pregunta que rápidamente aprendí a no verbalizar. No me tomó mucho tiempo darme cuenta de que si expresaba auténticamente lo que estaba subjetivamente experimentando, sería patologizado. Muchos años después, mi amigo, el difunto Psiquiatra de Harvard Dr. John Mack, compartió conmigo su definición de la “locura:” “Es no saber a quien contarle o no contarle, lo que estás experimentando.” Desde su perspectiva, yo estaba fuera de mi mente en compartir mis experiencias místicas con sus colegas, y en retrospectiva, estoy totalmente de acuerdo. Por supuesto hay personas que entran en el sistema psiquiátrico estando ya enfermos, pero muchas veces la psiquiatría cultiva y sostiene la enfermedad de la gente, y a continuación, se presenta diciendo que puede ayudar a gestionarlo (llenando los bolsillos de las grandes farmacéuticas en el proceso); todo esto es siniestro más allá de lo creíble.

La psiquiatría ha sido subsumida en convertirse en un brazo de una agencia más poderosa cuya orden del día más siniestra sirvió sin saberlo. El sistema de salud mental en nuestro país está seriamente quebrantado. El sistema psiquiátrico y las compañías farmacéuticas (Big Pharma) están co-dependientemente entrelazados entre sí en una relación genuinamente patológica, mutuamente beneficiosa, y enloquecedora. Visto como sistema completo, la psiquiatría / la Industria Farmacéutica es como una entidad patológica auto-generadora que se perpetúa a sí misma a través de su “cuidado,” creando enfermedad para todos los involucrados, mientras se mantiene a sí misma “en el negocio.” Esto no es un punto de vista paranoico-conspiratorio; más bien, todo lo contrario: una perspectiva perspicaz acerca de la naturaleza de la bestia que nos ocupa. Esto es lo que escribí en Disipando a Wetiko:

“No me malinterpreten: hay un montón de psiquiatras bien intencionados, incluyendo aquellos con los que he trabajado. No me estoy refiriendo a psiquiatras individuales; Estoy hablando sobre el sistema psiquiátrico subyacente como conjunto. Es importante reconocer que en algunos aspectos el sistema de psiquiatría ha evolucionado desde los años 80, pero en otros aspectos, no lo ha hecho, o incluso ha empeorado—con su creciente dependencia en el uso de fármacos para tratar la mayoría de los problemas, por ejemplo. Nuestro sistema de salud mental es una expresión de la salud mental, o falta de ella, de nuestra cultura. Dentro de la cosmovisión psiquiátrica, hay un acuerdo consensual e implícito, irreflexivo conjunto de supuestos con referencia a los comportamientos y modos de pensar / percepción que se consideran “normales.” Existe una manera de entender la naturaleza misma de la salud y la enfermedad, así como como las ideas fundamentales sobre quienes somos, de que todos los representantes de la “Academia” tienen que aceptar con el fin de que sean considerados facultados miembros de pleno derecho. Hay una axiomática de conjuntos, una manera de percibir el mundo que ha sido perforado en las cabezas de los psiquiatras durante su “entrenamiento” en la escuela de medicina requerido para que se conviertan realmente en iniciados. El sistema psiquiátrico está configurado para ser una configuración, en que integrado en el sistema está el conjunto inconsciente de los supuestos de la ciencia materialista, no menos de la que postula que existimos como seres independientes encapsulados, aparte del campo subyacente …. De hecho, para la mayoría de los psiquiatras, no hay concepto alguno de un campo subyacente de la conciencia en absoluto. La conciencia es más bien entendida como algo que surge de la materia y por lo tanto puede ser manipulada por lo material, es decir, medios electro-químicos (a través de la medicación psiquiátrica, por ejemplo). Se necesita un profesional excepcional del arte de la psiquiatría, un verdadero médico del alma, para ver a través del a-doctrina-miento materialista implícito que han recibido como parte integrante de su mismo acondicionamiento y entrenamiento. Construido en el campo de juego sin nivel de la psiquiatría, en la misma organización y estructura del campo, hasta el punto en que la auto-reflexión no es parte de su práctica, es el abuso oculto de poder (que también es promulgado, una vez interiorizado, dentro las cabezas traumatizadas de los pacientes psiquiátricos). Se necesita más que buenas intenciones para que un psiquiatra involuntariamente se convierta en un instrumento para el “sistema” para promulgar el aspecto destructivo de su inconsciente. Un verdadero sanador sabe que se encuentran con ellos mismos una y otra vez cada vez en sus propios pacientes.”

Afortunadamente, después de salir del último hospital en 1982, comencé a reunirme con mis maestros budistas, que en vez de patologizarme por experimentar la naturaleza onírica de la realidad, estaban enseñando precisamente eso. La mismísima visión fundamental, transformadora de la que yo estaba empezando a darme cuenta de mi despertar—la naturaleza no-objetiva, onírica y simbólica de la realidad—que era con lo que había sido patologizado para la psiquiatría por haber intentado articularla, es de hecho la misma idea que es no sólo la esencia médula de todas las grandes tradiciones de sabiduría esotéricas espirituales de todo el mundo, pero también fue el conocimiento que en última instancia redimió mis experiencias tanto con el sistema psiquiátrico, así como mi padre y literalmente me salvó la vida.

Innecesario decir que estaba feliz de encontrarme en tan buena compañía, aunque no estaba demasiado emocionado por haber sido dejado por mi cuenta para hacer frente a la operación psicológica de limpieza resultante de las réplicas traumáticas y después de un desastre psiquiátrico más que antinatural, e innecesario. Con los años, mientras he profundizado y estabilizado mi realización de la naturaleza onírica de la realidad, he desarrollado formas creativas de conseguir hacer llegar esta toma de conciencia a los demás, ganarme la vida—y una vida hermosa—en el proceso.

Nuestra especie y su civilización se encuentran actualmente en medio de una descompostura nerviosa colectiva. Si lo que nosotros, como especie, estamos haciéndonos a nosotros mismos no es locura colectiva, ¿entonces que diablos es? Nuestras estructuras institucionalizadas e incorporadas subyacentes que están ayudando a mantenernos dormidos se están desmoronando y desplomándose. Irónicamente, las personas que se están despertando a la naturaleza onírica de la realidad—las personas que la psiquiatría está más que que dispuesta a patologizar y prescribir anti-psicóticos—son los verdaderos agentes “anti-psicótico” en el mayor cuerpo político.

Intrínseco al juramento hipocrático que todos los médicos toman, es no causar ningún daño; en mi caso cada psiquiatra rompió su voto sagrado en grandes proporciones. El tratamiento que recibí de la psiquiatría no sólo casi me mató, sino que destruyó por completo a mi familia; mis padres se fueron a la tumba convencidos, con la “certificación” de los supuestos expertos en psiquiatría, que su único hijo sufría de un (ilusorio) desequilibrio químico y estaría mentalmente enfermo durante el resto de sus días. Las rupturas de orden moral de la talla de las cuales la psiquiatría promulga diariamente no se prestan al lenguaje; simplemente no hay palabras para la desolación que la abominación que es la psiquiatría, promulgó en mi vida. La psiquiatría me podía pagar todo el dinero en el mundo como retribución por la devastación que causó directamente en mi vida y apenas sería una gota en el mar de la destrucción de la que es responsable.

Un pionero en el campo de la emergencia espiritual, Paul Levy es un sanador herido en la práctica privada, ayudando a otras personas que también están despertando a la naturaleza onírica de realidad. Él es el autor de Disipando a Wetiko: Rompiendo la Maldición del Mal (Editorial: North Atlantic Books, 2013) y La locura de George W. Bush: Un Reflejo de Nuestra Psicosis Colectiva. Un artista, él está profundamente impregnado en la obra de CG Jung, y ha sido un Practicante Budista Tibetano durante más de treinta años. Por favor, visite el sitio web de Paul http://www.awakeninthedream.com. Puede ponerse en contacto con Pablo en paul@awakeninthedream.com; él espera con interés sus reflexiones. A pesar de que lee todos los correos electrónicos, se lamenta de que no es capaz de responder personalmente a todos ellos. © Derechos de Autor 2014.

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Un comentario en “LA MALA-PRAXIS DE LA PSIQUIATRÍA

  1. Reblogueó esto en muelasgaitany comentado:
    La maldita siquiatría:Es otra de las formas de control mental de los iluminatis.A ellos les interesa, gente borrega, que no saque a relucir sus capacidades internas, porque representa un peligro para el estamento médico.
    Cualquier enfermedad mental, es un desbalance emocional.energético.
    Para saber mas:
    entrada: la información que tumba la pharmafia de la bestia
    etiqueta:aprendiendo de la consciencia creadora
    categoría: la nueva fe
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