¿ESTAMOS POSEÍDOS?

 

C.G. Jung, el gran médico del alma y uno de los psicólogos más inspirados del siglo XX, tuvo una increíble percepción en lo que se está reproduciendo actualmente, tanto a nivel individual como colectivo, en nuestro mundo moderno de hoy. Él escribe: “Si, por un momento, nos fijamos en la humanidad como una sola persona, se ve que es como un hombre arrastrado por las potencias inconscientes.” Somos una especie arrastrada – “poseída” por – y escenificando, el inconsciente. Jung explica: “La posesión, aunque pasada de moda, de ninguna manera ha quedado obsoleta, ha cambiado sólo el nombre. Antiguamente se hablaba de “espíritus malignos,” ahora los llamamos “neurosis” o “complejos inconscientes.” Pensar condescendientemente que nosotros, como personas racionales modernas, somos demasiado sofisticados como para creer en algo tan primitivo como demonios es haber caído bajo el hechizo de los mismísimos espíritus malignos que imaginamos de ser inexistentes. Lo que los antiguos llamaban demonios, son un fenómeno psíquico que nos obligan a actuar a cabo conductas contrarias a nuestras mejores intenciones. Para citar a Jung,”…las condiciones psíquicas que engendran demonios trabajan tan activamente como siempre. Los demonios realmente no han desaparecido sino que meramente han adoptado otra forma: se han convertido en fuerzas psíquicas inconscientes.”

“La posesión,” según Jung es “un fenómeno psíquico primordial” que “denota un peculiar estado de ánimo caracterizado por el hecho de que ciertos contenidos psíquicos, los llamados complejos, se hacen con el control de la personalidad total, en lugar del ego, al menos temporalmente, a tal grado que el libre albedrío del ego queda suspendido.” Aunque el poseído podría imaginar que tienen libre albedrío, su libertad es ilusoria. Están siendo utilizados involuntariamente como instrumento de alguna “otra” energía o fuerza para encarnar y expresarse a través de ellos. El tener complejos no es necesariamente patológico, ya que todo el mundo los tiene. Lo qué es patológico, sin embargo, es pensar que no tenemos complejos, que es la condición previa que nos hace más vulnerables a la posesión. Jung aclara: “Todo el mundo sabe hoy en día que las personas ‘tienen complejos.’ “Lo que no es tan conocido, pero mucho más importante teóricamente, es que los complejos nos pueden tener a nosotros.” Cuantos más complejos tengamos, más poseídos estamos. No tenemos que deshacernos de nuestros complejos, más bien, debemos llegar a ser conscientes de ellos. Lo que es importante es lo que hacemos con nuestros complejos.

Los complejos son las instancias psíquicas que condimentan y determinan nuestra visión psicológica del mundo. Para citar a Jung: “La vía regia [camino real] a través del inconsciente, sin embargo, no es el sueño…sino el complejo, el que es el autor de sueños y síntomas.” Temáticamente organizado (como el complejo del poder, el complejo del salvador, complejo materno, complejo de inferioridad, etc.), los complejos son los vehículos que profundizan en el rico repositorio de contenido de los arquetipos subyacentes, dándoles a los arquetipos sin forma, una cara específicamente humana. Los complejos son las unidades elementales vivas de la psique, actuando como los puntos focales o nodales de la vida psíquica, en la que se concentra la carga de energía de los diferentes arquetipos del inconsciente colectivo. Un complejo con carga emocional actúa como el epicentro de un campo magnético, que atrae y potencialmente asimila en ello mismo todo lo que tenga cualquier resonancia, relevancia o esté relacionado a ello mismo en modo alguno. Este proceso interno se puede ver mientras actúa en-sí en el mundo exterior cuando nos ponemos en contacto con alguien que tiene un complejo activado y nos encontramos arrastrados en su proceso, recogiendo un rol en su psique. Este es un reflejo externo de cómo un complejo puede atraer, cooptar y subsumir otras partes del entorno, tanto interiores y exteriores, en sí mismo. Cuando los complejos se escinden de la consciencia, pueden potencialmente engullir y poseer a toda la personalidad entera.

“Posesión” es una palabra interesante. Evoca asociaciones inmediatas del Diablo, que, mitológicamente hablando, es el que nos “posee,” en el sentido demoníaco de la palabra. Jung, sin embargo, diferencia su sentido de la palabra “posesión” del significado asociado con la Iglesia Católica, por ejemplo, cuando escribe: “La idea de la Iglesia sobre la posesión, por lo tanto, se limita a los casos extremadamente raros, mientras que yo lo usaría en un sentido mucho más amplio que designa un fenómeno psíquico que ocurre con frecuencia.” Posesión, psicológicamente hablando, es identificarse con un complejo del inconsciente, llegando a ser apoderados por ello, de tal manera que lo actuamos a cabo cómo, en y a través de nuestras vidas ¿Quién de nosotros no ha hecho esto? ¿Quién de nosotros podría tirar la primera piedra?

Sincronísticamente, mientras escribo este artículo, múltiples ejemplos de personas siendo poseídas por y actuando a cabo su inconsciente en el escenario mundial sucedieron a la vista de todos. La estrella del tenis Serena Williams “perdió la cabeza” cuando cayó en un ataque de rabia en el Open de EE.UU. en un arrebato incontrolado dirigido al congresista republicano Joe Wilson, gritando “Mientes”, durante el discurso del Presidente Obama ante el Congreso, y el rapero Kanye West fundiéndose groseramente e interrumpiendo y estropeando el discurso de aceptación de la cantante de country Taylor Swift en los MTV Video Music Awards, todos ilustran exactamente lo que estoy señalando. Todos ellos fueron “apoderados por algo.”

Jung escribe: “desde el principio del mundo, la humanidad ha estado poseída.” Posesión es sinónimo de esclavitud. Jung comenta que en estados de posesión se trata de “la misma experiencia milenaria: algo objetivamente psíquico y extraño para nosotros, que no está bajo nuestro control, se opone firmemente a la soberanía de nuestra voluntad.” Posesión significa ser suplantado por algo más fuerte, ser absorbido y “adueñado” por algo distinto de nosotros mismos. Jung dice: “Dondequiera que todavía estemos apegados, seguimos poseídos, y cuando estamos poseídos, hay uno más fuerte que nosotros, que nos posee.” Todos hemos tenido momentos en los que hemos estado poseídos por algo, en la que todos hemos sentido “no ser nosotros mismos,” donde ya no somos idénticos a nosotros mismos. Algunos de nosotros pasamos toda nuestra vida viviendo la vida de otra persona en lugar de la nuestra. Todos hemos tenido momentos en los que “algo” se nos ha metido dentro, en que nos sentimos de extraño humor, fuera de sí. Cuando nos agarran los arquetipos primordiales más profundos, Jung escribe: “Ellos pueden fácilmente agarrarte y estás poseído como si fueran leones u osos, digamos – fuerzas primitivas que son, definitivamente, más fuertes que tú.” En cualquier momento, cualquiera de nosotros puede llegar a ser “poseído” por el inconsciente de tal manera que una energía más poderosa que nuestro ego consciente nos mueve y anima. Para citar a Jung, “…fácilmente nos pasa a cualquiera de nosotros que no actuamos por nuestra propia voluntad. Entonces no puedo decir que lo hago, sino que se hace a través de mí, algo se apodera de mí, la mismísima acción puede tomar posesión de mí. ” Cuando hemos caído en nuestro inconsciente y compulsivamente en-actuamos a cabo un complejo inconsciente, llegamos a ser manipulados por fuerzas más poderosas que nosotros mismos.” En palabras de Jung, entonces una persona se convierte en “marioneta del diablo. Esto puede ocurrir sólo porque creía que había abolido los demonios por declararlos supersticiones. Pasó por alto el hecho de que eran, en el fondo, los productos de determinados factores en la psique humana. “Al desestimar los demonios como meras ilusiones sin darnos cuenta de su realidad psicológica, involuntariamente llegamos a ser poseídos por ellos. Los demonios son en última instancia partes escindidas, rechazadas y repudiadas de la psique que se experimentan como algo ajeno y distinto a lo que nos imaginamos de ser (véase mi artículo, “Meeting the Other Within” Encuentro con el Otro en el Interior). Los demonios, psicológicamente hablando, son muy reales, en cuanto a que alteran nuestra experiencia de nosotros mismos. Jung dice: “Por lo general hay una marcada pérdida del conocimiento de los complejos, y esto, naturalmente, les garantiza aún más la libertad de acción. En estos casos, su capacidad de asimilación llega a ser especialmente pronunciada, ya que la inconsciencia ayuda al complejo de asimilar incluso el ego, el resultado siendo una alteración momentánea e inconsciente de la personalidad conocida como identificación con el complejo. En la Edad Media iba por otro nombre, se llamaba posesión.” Nosotros, como personas “modernas,” en la medida en que estamos actuando a través de nuestro inconsciente, estamos tan “plagados” por la posesión como la gente en la Edad Media.

Jung Comenta,”…en todos los casos, la identificación con el [complejo] inconsciente trae un debilitamiento de la consciencia, y en esto radica el peligro. No es ‘hacer’ una identificación, no ‘te identificas’, sino que tienes la experiencia de tu identidad con el arquetipo de forma inconsciente y así estás poseído por él. “Todo con lo que estamos inconscientemente identificados estamos poseídos por ello, y por lo tanto, compelidos a actuar en nuestra vida sin entender el por qué. Aunque hemos descartado la idea de los demonios en el altar de nuestra racionalidad, en palabras de Jung, “…el hombre mismo ha asumido su papel sin saberlo y ejecuta la obra diabólica de la destrucción con herramientas mucho más eficaces de como lo hacían los espíritus. En los viejos tiempos los hombres eran brutales, ahora son deshumanizados y poseídos a tal grado que incluso la Edad Media más negra jamás conoció.” Más que nunca, la humanidad actual, sin duda actúa como si fuera una especie poseída. El teólogo eminente y activista por la Verdad del 9/11 David Ray Griffin escribe: “Parece ser que estamos poseídos por una fuerza demoníaca que nos conduce, en un trance, hacia la auto-destrucción.”

Jung comenta,”…un ‘algo’ desconocido se ha apoderado de una parte mayor o menor de la psique e impone su existencia odiosa y dañina sin inmutarse por todo nuestro conocimiento, razón y energía, proclamando así el poder del inconsciente sobre la mente consciente, el poder soberano de la posesión.” Cuando estamos poseídos no somos libres, no somos dueños de nuestra propia casa. Cuando estamos poseídos por el inconsciente, llegamos a estar disociados de nosotros mismos de tal manera que, como escribe Jung, hay “un desgarro suelto de parte de la propia naturaleza, es la desaparición y la emancipación de un complejo, que acto seguido se convierte en un usurpador tirano de la consciencia, oprimiendo al hombre por completo. Lo lanza fuera del trayecto y lo lleva a las acciones cuya unilateralidad ciega conduce inevitablemente a la autodestrucción.”

COMPLEJOS AUTÓNOMOS

“Los complejos autónomos” son partes de la psique que se han escindido debido al shock, trauma, o violación de nuestras fronteras, y han desarrollado una vida aparentemente autónoma y voluntad aparentemente independiente propia. Aunque nos identificamos con ellos inconscientemente, los complejos autónomos están subjetivamente experimentados como algo más que nosotros mismos. Aparte de su inherente oscuridad y extrañeza, nuestra identificación inconsciente con los complejos autónomos es la razón esencial por la que es tan difícil de conseguir un asidero en ellos. Los complejos autónomos actúan sobre nosotros, se sienten como nuestro ser más íntimo, finalmente necesitan ser adueñados, pero, paradójicamente, no nos pertenecen. La aparente autonomía de los arquetipos y complejos es la que da origen a la idea de los seres sobrenaturales. Dotado de una energía numinosa, los complejos autónomos son lo que nuestros antepasados solían llamar “demonios.” Los complejos autónomos son un nombre psicológico para los demonios en el proceso arquetípico de la adicción que nos animan a actuar compulsivamente nuestra conducta adictiva. Un demonio o complejo autónomo, en palabras de Jung, “se comporta como un cuerpo extraño animado en la esfera de la consciencia. El complejo por lo general se puede suprimir, con un esfuerzo de voluntad, pero no argumentado fuera de la existencia, y a la primera oportunidad apropiada reaparece en toda su fuerza original.” Debido a su falta de asociación con el yo consciente, los complejos autónomos típicamente no están abiertos a ser influenciados, educados, ni corregidos por la “realidad”. Un intruso desde el inconsciente y un perturbador de la paz, un complejo autónomo, Jung señala, “se comporta exactamente como un espantajo que siempre elude nuestro agarre.” Si dejados sin reflexión estos demonios o complejos autónomos causan estragos para todo el mundo dentro de su esfera de influencia.

Jung escribe: “…cualquier complejo autónomo no sujeto a la voluntad consciente ejerce un efecto posesivo en la consciencia, proporcional a su fuerza y limita la libertad de este último.” Mientras se hace cargo y toma el mando de una persona, un complejo incorpora un régimen aparentemente autónomo en el mayor cuerpo político de la psique. Al escribir sobre los complejos autónomos, Jung dice: “…el complejo forma algo así como un gobierno en la sombra del ego,” en cuanto a que el complejo dicta al ego. Cuando somos tomados por y estamos en conflicto interno con, y debido a un complejo autónomo, es como si nosotros, los gobernantes naturales de nuestro propio paisaje psíquico, hayamos sido depuestos, y estuviéramos viviendo en un país ocupado. Se nos permite nuestra libertad aparente, siempre y cuando no amenace la soberanía y el dominio de la potencia dominante. Jung comenta: “…un hombre no se da cuenta que cuando se rige por un demonio, pone toda su habilidad y astucia al servicio de su amo inconsciente, aumentando así su poder mil veces.” Siendo esto una situación psicológica no-local interna, puede manifestarse tanto en nuestra psique como en el mundo exterior al mismo tiempo.

Los demonios o complejos autónomos tienen un efecto posesivo y obsesivo sobre la consciencia. Curiosamente, la palabra “obsesión” originalmente significaba estar bajo la influencia de una maléfica “posesión.” La obsesión se refiere a ciertas ideas que han tomado posesión de la persona. Podemos llegar a ser poseídos por ideas inquebrantables de cómo deberían ser las cosas o como quien pensamos que somos, oprimiendo y tiranizando ambos a nosotros mismos y a los demás que tienen un punto de vista diferente en el proceso. Jung escribe: “La idea es como un ser autónomo que quiere un cuerpo tanto que incluso se encarna en el cuerpo, uno comienza a jugar, para llevar a cabo la idea, y luego la gente dice que uno está completamente loco. La idea ha tomado posesión de uno hasta volverse como si estuviera fuera de sus cabales. “Millones de nuestra especie han matado y han sido asesinados por una idea fija.

Requisando y colonizando nuestra psique, una escisión, un complejo autónomo es, en potencia, como un “virus vampírico,” en cuanto a que es fundamentalmente materia “muerta,” es sólo un ser viviente que adquiere un cuasi-vida. Al igual que un vampiro se re-vitaliza chupando nuestra fuerza vital, cuando nos identificamos inconscientemente con un complejo autónomo activado, literalmente estamos animando y avivando a los muertos vivientes. Cómplices de nuestra propia victimización, entonces cedemos involuntariamente nuestra libertad, poder, y fuerza vital en el proceso.

Al igual que las células cancerosas que asolan al cuerpo, los complejos autónomos desasociados son como “mentes disidentes” que pueden llegar a ser excesivamente hinchadas con energía psíquica, y luego se propagan en metástasis dentro de la psique, consumiendo, devorando y canibalizando los aspectos sanos de la psique. Extrayendo y atrayendo todas las partes sanas de la psique hacia sí mismo, un complejo autónomo puede potencialmente deformar y destruir la psique de la persona (o de la nación) así afligida, infectando de manera no local y propagando por contagio psíquico su malestar con el campo circundante en el proceso.

Un complejo autónomo no puede soportar ser visto, sin embargo, muy de la misma manera que un vampiro detesta la luz. Un demonio o complejo autónomo cambiará de forma y hará todo en su poder para resistirse a ser iluminado, porque una vez visto, su autonomía y la omnipotencia son retiradas. Anclado, conectado y relacionado con la consciencia, el demonio o complejo autónomo ya no puede vaporizarse de vuelta al inconsciente, es decir, que ya no es capaz de poseernos por detrás y por debajo de nuestra consciencia a fin de obligarnos a actuar inconscientemente exteriorizando y haciendo su voluntad (por favor, ver mi artículo “Shedding Light on Evil” “Arrojando Luz Sobre el Mal”).

ENCONTRAR EL NOMBRE

Cuando “veamos” un demonio, sepamos su nombre, lo cual nos ayuda a conseguir “hacernos con” y controlar la situación. El nombrarlo es un ejercicio de exorcismo, ya que disipa el poder del demonio sobre nosotros. Jung dice que “El acto de nombramiento es, como el bautismo, muy importante en cuanto a la creación de personalidad, porque un poder mágico se ha atribuido al nombre desde tiempos inmemoriales. El saber el nombre secreto de una persona [o de un demonio] es tener el poder sobre él.” En otra parte, Jung escribe: “Para la humanidad siempre fue como una liberación de una pesadilla cuando se encontraba el nombre nuevo.” Encontrar el nombre es un acto de poder. Jung comenta: “En el momento en que designes por su símbolo al arquetipo vivido, te sientes aliviado, que es un momento bueno y positivo, aún siendo horrible…Por lo tanto la antigua medicina egipcia consistía en dar a la cosas el nombre correcto…Un nuevo nombre siempre produce un efecto extraordinario, no podemos racionalizar estas cosas, lanzan un hechizo, son símbolos, y realmente influyen en el inconsciente como al igual que el inconsciente influye en nosotros.”

Es muy importante para nosotros el volver a introducir la palabra “demonio” y “posesión” de vuelta a nuestro vocabulario, sin el temor de que seremos vistos como primitivos, locos o incluso poseídos nosotros mismos si usamos esas palabras. Necesitamos ampliar nuestra fluidez psico-espiritual que nos permita navegar por las aguas vivas de nuestro paisaje interior y exterior. Al estar “endemoniado” – tomados por fuerzas psíquicas inconscientes— es algo que nos pasa a todos nosotros, y es nuestra gran ventaja la de ser capaz de nombrar correctamente nuestra experiencia. Encontrar el nombre nos empodera a comprometernos creativamente con estas partes de nosotros mismos que emergen desde las sombras “en el nombre de la curación.”

¿Cómo hacemos una palabra? La “deletreamos” (spell=deletrear/conjuro/hechizo). En la búsqueda de las palabras de nuestra experiencia, estamos echando un “conjuro positivo,” cuya órbita no local e influencia son liberadoras. Somos entonces capaces de la conjugación consciente y de dar voz a nuestra experiencia, que es dar un paso hacia y acceder al espíritu creativo. En el aprendizaje de formas nuevas y creativas para expresarnos, estamos disipando la maldición-(mal-dicción) bajo la que estábamos, de no ser capaces de simbolizar nuestra experiencia. Al aprender a deletrear/lanzar hechizos (spell=deletrear/hechizo) conscientemente, el mundo ya no está escrito en piedra, con nosotros como sus víctimas pasivas, cuando nos damos cuenta y aprovechamos el poder creativo y transformador de la Palabra, el Logos. Como dice en la Biblia: “Y primero fue la palabra. Y el Verbo era con Dios. Y el Verbo era Dios.” La creación de un nuevo lenguaje con el fin de re-crearnos a nosotros mismos nuevamente, nos adentramos en las figuras arquetípicas del “Sanador Herido” y el “Artista Creativo.” En la animación de estas figuras arquetípicas, activamos y participamos creativamente en nuestro propio proceso evolutivo, ampliando y perfeccionando las formas en las que tel-empáticamente comulgamos y telepáticamente comunicamos entre nosotros, así como con nosotros mismos. Además, parte del restablecimiento de la palabra “demonio” y “posesión,” como lleno de significado, es el complementar estas palabras con la idea de que si tenemos una reacción y llegamos a ser “accionados” por estas palabras, la figura dentro de nosotros que se acciona o dispara podría ser el mismo demonio que nos está poseyendo (por favor, ver mi artículo “Triggered by Evil” “Accionado por el Mal”). He acuñado el nombre de “Demonio no-local” (“DNL” para abreviar) para “capturar” este elusivo, mercurial demonio no local que “ronda” nuestro mundo. Al igual que la acuñación de una moneda, cuando acuñamos una frase y encontramos el nombre, creamos moneda corriente en el reino de la mente con la que ejercer el comercio entre sí, así como con nosotros mismos. Esto es para generar consciencia, que es algo de valor genuino. Una vez que vemos cómo el DNL opera clandestinamente en todo el campo subyacente de consciencia mediante la ocultación y ofuscación en y a través de nuestro inconsciente, enganchándose e insinuándose en nuestros puntos ciegos, hemos simultáneamente retirado su poder a la vez que nos hemos empoderado a nosotros mismos, creando una riqueza de nuevas formas que nos permite responder de manera creativa que previamente no estaban disponibles. Siendo no-local, una de las formas en que el DNL se encarna es a través de nuestras re-acciones inconscientes internas, para encontrarse con la multitud de formas-alteradas y disfraces del DNL en el mundo exterior. La forma de tratar más eficazmente con un demonio es volver nuestra atención con valentía hacia lo que se desencadena dentro de nosotros. El texto gnóstico; El Evangelio de Felipe, dice, “siempre y cuando se oculta la raíz de la maldad, permanece fuerte. Pero cuando se reconoce, se disuelve. Cuando se revela, perece…En cuanto a nosotros, excavemos tras la raíz del mal que está dentro de cada uno de nosotros y que produce sus frutos en nuestros corazones. Nos domina. Somos sus esclavos. Nos lleva en cautividad, para obligarnos a hacer lo que no queremos, y lo que queremos, no lo hacemos. Es poderosa porque no la hemos reconocido.” (II, 3, 83,5-30)

El origen de los demonios se encuentra dentro de nosotros mismos. En comparación a existir “en virtud” de algo, los demonios sólo pueden vivir por la “falta de virtud” de nuestras propias mentes oscurecidas y sin examinar. La cita Gnóstica anterior trae a la mente el famoso pasaje de Pablo en el Nuevo Testamento: “Lo que me gustaría hacer, no lo hago, y lo que no haría, lo hago.” (Romanos 7:15 Versión Rey Jaime), que es una expresión clara y sencilla de nuestra propensión humana para la posesión, si alguna vez la hubo. Un complejo autónomo no-iluminado y no reconocido nos obliga a actuar diabólicamente en contra de nuestras mejores intenciones, como cualquiera de nosotros que hayamos luchado contra toda forma de comportamiento adictivo sabe por experiencia propia. El estar poseído por demonios es un problema tan antiguo como la humanidad.

Todos somos chamanes y curanderos potenciales, porque al metabolizar la oscuridad y asimilar nuestros propios demonios, les añadimos luz y “aligeramos” de manera no-local, la sombra colectiva para todo el mundo (por favor, ver mi artículo, “We are all Shamans-in-Training”). “Todos somos chamanes-en-Formación.”) Si los demonios no están integrados, tampoco lo está el alma humana, es decir, que la adopción e integración de nuestros demonios es fundamental para la evolución del alma. Jung sopesa: “¿Cómo se puede integrar el mal? Sólo hay una posibilidad: El asimilarlo, es decir, elevarlo al nivel de la consciencia.” Elevar los demonios al nivel de la consciencia les resta su existencia autónoma, ya que vuelven a juntarse a la unidad profunda de la psique. Jung comenta: “Entonces el opus magnum [el ‘gran trabajo’ de la alquimia] está terminado, el alma humana está completamente integrada.” (Véase mi artículo “The Sacred Art of Alchemy” “El Arte Sagrado de la Alquimia”).

LO DEMONÍACO

Para citar al señalado psicólogo Rollo May, lo demoníaco es “cualquier función natural que tenga el poder para hacerse cargo de toda la persona [o nación entera]…lo demoníaco puede ser tanto creativo o destructivo [es decir, demoníaca]…la violencia es lo demoníaco vuelto torcido…en épocas [como la nuestra] tienden a haber momentos en donde lo demoníaco se expresa en su forma más destructiva.” Lo demoníaco no es una entidad metafísica objetiva existente en el sentido Cristiano, sino que es una función arquetípica de la experiencia humana, una realidad psíquica, así como una realidad existencial en la que todos participamos.

Lo demoníaco es una energía arquetípica que puede apoderarse de una persona, un grupo o una nación. Jung escribe: “Sabemos que un arquetipo puede irrumpir con fuerza demoledora en una vida humana individual y en la vida de una nación.” Los arquetipos son entidades dinámicas vivas, instintos psicológicos o campos de información de influencia que proporcionan la plantilla subyacente de los patrones humanos de comportamiento, percepción y experiencia. Lo demoníaco se anuncia mediante el reclutamiento de las personas a su servicio, alistando los seres humanos como instrumentos de su revelación a-cuerpo-entero de sí mismo. Jung comenta: “Uno aun no se da cuenta, cuando un arquetipo es constelado inconscientemente y no entiende conscientemente que uno es poseído por el mismo y obligado a cumplir su fatal objetivo.” Lo demoníaco se expresa a través de nuestro reclutamiento a su causa y obligándonos a actuar externalizando inconscientemente a fin de dar forma viva a sí mismo en la tercera dimensión.

La palabra demoníaca está relacionada con “el diablo,” que a su vez se relaciona con la palabra diabólica, cuyo significado interior es dividir, separar, y des-integrar. Al ser divisivo, lo diabólico nos escinde en varios trozos fragmentados y compartimentados. Jung comenta: “La posesión por el inconsciente significa hacer trizas en muchas personas y cosas, una disyunción. Por eso, según Orígenes [un teólogo Cristiano temprano], el objetivo del Cristiano es el de llegar a ser un ser humano interiormente unido.” Convertirse en un verdadero seguidor de Cristo, que es el símbolo del Ser totalmente integrado, es transformar la naturaleza diabólica de la disyunción en una sagrada conjunción, donde se conectan todas las partes de la psique y los opuestos se unen. Esta es la razón por lo que la mayor protección contra los demonios es estar en contacto con nuestra integridad intrínseca, que ha de ser “dueña de sí misma”, –en posesión de la parte de nosotros que no es ‘poseíble,’- que es el Ser, la totalidad de nuestro ser. El antónimo de la palabra diabólico es simbólico, que, además de ser el lenguaje de los sueños, significa reunir, unir e integrar. Lo demoníaco es un fenómeno cuántico, en que contiene tanto lo simbólico y lo diabólico codificado dentro de sí en un estado de superposición, es decir, que oculto dentro de lo demoníaco está la semilla creativa de su propia transformación. Ambas fuerzas constructivas y destructivas están plenamente presentes en lo demoníaco simultáneamente, y cualquiera de las energías puede, potencialmente manifestarse, dependiendo de cómo una consciencia observadora interactúa con ello.

Para citar a Jung, “…el demonio de la voz interior es a la vez nuestro mayor peligro y una ayuda indispensable.” Escondido en lo demoníaco está nuestra voz interior, nuestro espíritu guía, nuestro ángel y nuestro genio. Jung se refiere a lo demoníaco como “la creativa desapercibida”, es decir, es la creatividad todavía no “hecha realidad” o lograda por el ego. El desarrollo de un ego sano y fuerte es de vital importancia en entrar en relación a y expresar creativamente las energías demoníacas dentro de nosotros. Una de las cosas más destructivas de la psique humana es la creatividad no realizada.

Si lo demoníaco no es honrado y tratado religiosamente (es decir, cuidadosamente considerado con reverencia y un sentido de lo sagrado), por menos que, se constela negativamente y se convierte verdaderamente en “demoníaco,” en el sentido destructivo de la palabra. Jung comenta: “En términos generales lo demoníaco es ese momento en que un contenido inconsciente del poder aparentemente abrumador aparece en el umbral de la consciencia. Pudiendo cruzar el umbral apoderándose de la personalidad. Entonces es posesión.” Antes de que un arquetipo pueda ser conscientemente integrado, siempre se manifestará físicamente, ya que, en palabras de Jung, “…fuerza al sujeto en su propia forma.” En su forma negativa, que es una verdadera forma virulenta de la locura, nosotros, debido a nuestra inconsciencia, nos convierten en un conducto viviente de la encarnación de una energía malévola, depredadora y rapaz inhumana, que sólo se preocupa por la alimentación de su propio narcisismo insaciable, en última instancia, victimizando, consumiendo y canibalizando tanto a nosotros mismos como a otros en el proceso. Al describir este momento de ser poseído, Jung elabora: “La bestia de presa se apodera de él y pronto le hace olvidar que es un ser humano. Su animal afecta obstaculizando cualquier reflexión que pueda interponerse en el camino de sus cumplimientos de deseos infantiles, llenándolo en su lugar con una sensación de un nuevo derecho ganado a la existencia y le intoxica con el ansia de botín y de la sangre.” Esta energía en-toxicante, que es el ego narcisista campando a sus anchas mientras se auto-encanta, es el combustible que anima cualquier forma de adicción. “La intoxicación,” para citar a Jung, es “esa forma más directa y peligrosa de la posesión,” que salvo que se reflexione sobre ella, y así sea iluminada y transformada por la luz de la consciencia, conduce inevitablemente a la autodestrucción.

Jung nos recuerda que “La locura es la posesión por un contenido inconsciente que, como tal, no se asimila a la consciencia, ni puede ser asimilada ya que la existencia misma de tales condiciones es negada.” Entonces caemos en la regresión infinita y perpetúa retroalimentación de negar que estamos en la negación, una cepa de creación propia de la locura a la que le he dado el nombre de “malignant egophrenia,” “egofrenia maligna” o “enfermedad ME(yo),” para abreviar. Esta es una forma de auto-engaño, disociación y ceguera psíquica en la que estamos mintiendo en última instancia, y ocultando de nosotros mismos. Llegado a cierto punto este proceso se atrinchera dentro de la psique de tal manera que desarrolla impulso suficiente para convertirse aparentemente en su propia auto-generada entidad autónoma. Entonces nos hemos convertido en un “problema” para nosotros mismos, creando nuestro propio monstruo de Frankenstein en el proceso, que es nosotros. Podemos entonces decir que somos la encarnación de la enfermedad del ME/yo en persona de carne y hueso, su revelación en forma humana. Similar a ser poseído por un demonio, siendo apoderado por la enfermedad del ME/yo es al mismo tiempo su propia auto-revelación codificada dentro de la aparente patología, está su propia medicina.

Una de las principales formas en que los demonios se empoderan en nosotros es cuando somos inconscientes de nuestra sombra. Jung dice: “Cualquiera que no sea consciente de su sombra, sea demasiado maravilloso, demasiado bueno, tiene una idea equivocada de sí mismo, y en tal medida esa persona está poseída.” En la medida en que no somos conscientes de nuestra sombra es la medida en que no somos conscientes de nuestro potencial para promulgar involuntariamente nuestro inconsciente de una manera que podría ser hiriente. Jung escribe: “Si no vemos el lado negativo de lo que hacemos, de lo que somos, estamos poseídos…Sólo a través de la comprensión de los aspectos inconscientes, por regla general, podemos liberarnos de la posesión.” Comprender los “aspectos inconscientes” es arrojar luz sobre las partes dormidas más oscuras de nosotros mismos – “el lado negativo de lo que hacemos” –que es esencialmente el acto de toma de consciencia. Los demonios están actuando a cabo por sí mismos a través de nuestros puntos-ciegos psíquicos. Jung comenta: “…el demonio que está siempre contigo es la sombra tras de ti, y está siempre en donde tus ojos no lo están.”

Los lugares en los que somos poseídos por nuestro inconsciente son los lugares en nosotros mismos en donde no somos capaces de ver, donde “nuestros ojos no están,” donde no somos capaces de la especulación auto-reflexiva. Simbólicamente, esto es como un vampiro que no proyecta reflejo en el espejo. Jung escribe: “Ya que nadie es capaz de reconocer exactamente dónde y cuánto de él mismo está poseído e inconsciente, simplemente proyecta su propia condición a su vecino, y por lo tanto se convierte en un deber sagrado el tener las mayores armas de fuego y el gas más tóxico.” Curiosamente, Jung se refiere simplemente a la “proyección de la sombra,” un proceso en el que proyectamos nuestros propios aspectos no-abrazados (nuestra “propia condición”) sobre el prójimo, como “la mentira.” Uno de los significados de la palabra “diablo” es “el mentiroso.” (Por favor véase mi artículo “Shadow Projection: The Fuel of War,” “La Proyección de la Sombra: El Combustible de la Guerra” y “Shadow Projection is its Own Medicine” “La Proyección de la Sombra es su Propia Medicina”). La proyección de nuestra sombra sobre los demás es una actividad que es en sí misma una expresión del diablo que se esconde dentro de nosotros, al acecho detrás de la proyección. Hablando sobre lo fácil que es para los “demonios” encontrar una nueva víctima, Jung comenta: “…eso no será difícil. Todo hombre que pierde su sombra, toda nación que cae en la justicia propia, es su presa.”

Jung comenta sobre el estado de estar poseído por un arquetipo tales como el demoníaco cuando escribe: “Porque un arquetipo tiene vida propia, la vida que le es propia y peculiar al arquetipo muestra su autonomía por el hecho de que puede devorar la propia vida de uno. Es tan fuerte que uno puede ser engullido por él y no ser nada más que ese arquetipo. Por supuesto, uno no lo sabe.” El arquetipo invisible sin forma se ha in-formado a sí mismo y se ha hecho visible a través de la persona, grupo o nación de la que se apodera. Se puede decir que es la viva encarnación del arquetipo, ya que son la revelación hinchada completa en toda regla, en la forma.

Una cualidad esencial de ser poseído por el inconsciente es la de no saber que estamos poseídos porque si lo supiéramos, no estaríamos poseídos. Para citar a Jung: “Cuando eres sólo uno con una cosa eres completamente idéntico –no se puede comprender, no se puede discriminar, no se puede reconocer.” Cuando somos idénticos con algo, no somos capaces de diferenciarnos de él, es decir, no tenemos la libertad de elección con respecto a aquello con lo que nos identificamos inconscientemente. Cuando nos identificamos con y representamos el inconsciente, somos verdaderamente inconscientes.

Jung conjetura, “supongamos que yo soy idéntico a un arquetipo, yo no lo sé y el arquetipo por supuesto que no me lo va a decir, porque yo ya estoy poseído e inundado por el arquetipo…Así como no presto atención al martillo que uso, lo uso y después lo tiro a la basura. No es un martillo personal. Esa es la forma en que el arquetipo utiliza el hombre, simplemente como un instrumento, como una herramienta de un tipo muy transitorio.” A pesar de que un arquetipo se expresa a través de los individuos, un arquetipo es impersonal. Los arquetipos que nos alistan para sus fines, tomando posesión de nosotros como un objeto de propiedad, y nos abandonan cuando ya no les somos útiles. Jung continúa: “Pero el hombre está, por supuesto, en una situación horrible. Él está poseído, y no puede defenderse a sí mismo, porque él ni siquiera sabe que está poseído, y esa es una maravillosa oportunidad para el inconsciente. “El no saber que estamos poseídos por el inconsciente, es como si los padres no estuvieran en casa, creando una oportunidad para que los niños (el inconsciente) actúe sin restricciones. Jung dice: “Las fuerzas que estallan fuera de la psique colectiva tienen un efecto confuso y cegador.” El surgimiento de fuerzas inconscientes del inconsciente colectivo normalmente evoca confusión y ceguera, es decir, pérdida del conocimiento. Jung continúa, “…en la misma medida que la influencia del inconsciente colectivo aumenta, la mente consciente pierde su poder de liderazgo. Imperceptiblemente se convierte en el dirigido, mientras que un proceso inconsciente e impersonal va tomando el control. Así, sin notarlo, la personalidad consciente es zarandeada como una figura en un tablero de ajedrez por un jugador invisible. Este es el jugador que decide el juego del destino, no la mente consciente y sus planes.” Es como si un invisible golpe de estado hubiera tenido lugar dentro de la psique. Cayendo en el autoengaño, la mente consciente está bajo la ilusión de que ella está decidiendo, de que está en control, mientras que en realidad está siendo dirigida y manipulada como un títere. Citando a WH Auden: “Somos vividos por Potencias que simulamos entender.”

Jung dice: “El diablo es la sombra imitando a Dios.” Cuando estamos poseídos por el inconsciente, una energía arquetípica más potente, se desplaza de forma y toma nuestra forma aparente, que absorbemos en, identificamos con y consideramos de ser quienes somos. Engañados y embaucados por el hábil “arte de vender” de este impostor de nosotros mismos, “compramos” su versión de quienes somos. Vivimos entonces una simulación de nosotros mismos, imitándonos a nosotros mismos, convirtiéndonos en una copia maestra, un duplicado de nuestro ser original. En la medida en que inconscientemente estamos poseídos por el demonio, es como si un parásito psíquico se hubiera hecho cargo de nuestro cerebro y nos haya bureado, su anfitrión, a pensar que estamos alimentando y fortaleciéndonos nosotros mismos, mientras que en realidad estamos nutriendo al parásito. Es como si nuestro alma hubiera sido secuestrado por una fuerza arquetípica más profunda, y haya sido sustituido por una pálida imitación de nosotros mismos, y, en la medida en que hemos sido apoderados, ni siquiera nos damos cuenta. Los arquetipos, señala Jung, “tienen la más desagradable de las cualidades de aparecer con nuestro propio aspecto.” El espíritu del inconsciente nos suplanta, engañándonos incluso a nosotros mismos, mientras se encubre con nuestra forma. Este espíritu mercurial “se ha vestido de nosotros” como un disfraz, apareciendo como nosotros mismos, o por lo menos como quienes nos imaginamos ser.

RENUNCIANDO A LA HUMANIDAD

Describiendo la experiencia de ser dirigidos y asumidos por el inconsciente, Jung continúa, “cada vez que un poderoso contenido emerge del inconsciente, que aún no podemos llegar a entender con nuestra conciencia, existe el peligro de que toda la consciencia del ego sea derribada hacia la inconsciencia y disuelta…La Consciencia es completamente vaciada, porque sus contenidos se sienten atraídos por el inconsciente como por un imán. Este proceso conduce a una pérdida completa del ego, de forma que la persona en cuestión se convierte en un mero autómata. Tal persona en realidad ya no se encuentra ahí. “¿A cuántas personas conocemos, incluyendo a veces a nosotros mismos, que como zombis, compulsivamente y mecánicamente promulgan sus patrones habituales sin la espontaneidad y la creatividad, como un robot programado?

Jung dice: “Sólo se puede modificar la actitud propia y así salvarse de caer ingenuamente en un arquetipo y a ser obligados a tomar parte en comportamientos en detrimento de la propia humanidad. La posesión por un arquetipo convierte al hombre en una figura plana colectiva, una máscara tras la cual ya no podrá desarrollarse como un ser humano, sino llegando a estar cada vez más atrofiado.” Cuando estamos poseídos por un arquetipo, es como si estuviéramos congelados en el tiempo, similar a lo que ocurre en un trauma, en el que nos obsesionamos en un punto de vista rigidizado que se refuerza a sí mismo. Nos identificamos inconscientemente con la “persona”, la personalidad de fachada que hemos creado para la protección y la presentamos al mundo, no tenemos profundidad real, y dejamos de crecer y evolucionar. El “alterar” nuestra actitud sería el salir de nuestra “alter-personalidad,” que es dejar de adorar el “altar” del falso yo de forma compulsiva y ritualista, y pasar a nuestro auténtico yo.

Jung elabora sobre el proceso de caer bajo el hechizo de un arquetipo activado cuando escribe: “…un arquetipo se moviliza dentro de él afectándole como un narcótico. Eso es típico, cuando te metes en una situación en la que se convierte en un arquetipo constelado, padecerás este peculiar efecto hipnótico, quedándote repentinamente dormido. Tiene una fascinación peculiar que te hace inconsciente. “La imagen de Dorothy y sus amigos durmiéndose en el campo de amapolas cuando se acercan a la Ciudad Esmeralda en la película “El Mago de Oz” expresa simbólicamente esta situación arquetípica de caer bajo un hechizo cuando nos acercamos a lo sagrado.

Jung señala que “Las potencialidades del arquetipo, para el bien y el mal por igual, trascienden nuestras capacidades humanas muchas veces, y un hombre puede apropiar su poder sólo mediante la identificación con el demonio, dejándose poseer por él, renunciando así a su propia humanidad.” Al identificarse inconscientemente con y ser poseído por el demonio, a nivel personal y humano renunciamos a nuestra humanidad y nos convertimos en una cáscara vacía. Al mismo tiempo, sin embargo, accedemos, y nos convertimos en canales de, e inflados por, una energía más potente, una energía arquetípica y no humana que nos atraviesa. Cuando estamos poseídos por un arquetipo, somos una yuxtaposición paradójica de cualidades subhumanas y sobrehumanas a la vez.

Jung continúa, “…cualquiera poseído por un arquetipo no puede dejar de tener todos los síntomas de una inflación. Porque el arquetipo es nada humano, ningún arquetipo es propiamente humano. El arquetipo en sí es una exageración y alcanza más allá de los confines de la humanidad…Así que cualquiera poseído por un arquetipo desarrolla cualidades inhumanas.” Cuando llegamos a ser apoderados por un arquetipo nos inflamos, inconscientemente identificándonos con poderes divinos, olvidando al mismo tiempo nuestra humanidad. Jung aclara: “…vemos el efecto característico del arquetipo: se incauta de la psique con una especie de fuerza primigenia y la obliga a transgredir los límites de la humanidad. Causando la exageración, una actitud engreída (inflación), la pérdida de la libre voluntad, lo ilusorio y el entusiasmo en el bien y el mal por igual.” Interesantemente, uno de los significados de la palabra “maldad”, etimológicamente hablando, es transgredir fronteras.

Continuando con su descripción sobre el estado de estar poseído por un arquetipo, Jung dice: “…cuando una persona tiene un contenido inconsciente –por ejemplo un determinado arquetipo se constela–entonces su consciencia, sin darse cuenta de lo que es, se llenará con la emanación o la radiación de ese arquetipo activado. Y entonces se comporta de forma inconsciente, como si él fuera ese arquetipo, pero expresa la identidad en términos de su personalidad del ego…Porque él inconscientemente juega un papel y trata de representar algo que él ha tomado como de ser su propio ser.” Comportándose como si él, como ego, fuese ese arquetipo, juega a un papel arquetípico mítico y se identifica inconscientemente con él (“al que ha tomado como de ser su propio yo”), engañándose a sí mismo, y potencialmente a otros, en el proceso. Jung continúa, “Ves, el arquetipo inconsciente activado es como un sol naciente, una fuente de energía o calor que calienta la personalidad del ego desde el interior, y luego la personalidad del ego comienza a irradiar como si fuera Dios sabe qué.” El arquetipo sin forma adquiere y se expresa a través de la forma limitada y particular de la personalidad del ego. El arquetipo activado transfigura el ego desde el interior a fin de adaptarse a sus propósitos. Jung continúa: “Es un hecho psicológico el que un arquetipo pueda apoderarse del ego e incluso obligarle a actuar como él – el arquetipo – haciendo la voluntad del arquetipo. Un hombre puede adquirir dimensiones arquetípicas y ejercer los efectos correspondientes.”

INFLUIR EN EL CAMPO

Fusionado con, e inflado por, el hipnóticamente fascinante campo de fuerza del arquetipo, la gente así poseída se convierte en portavoces y amplificadores del arquetipo para transmitir y extenderse de forma no local encarnándose por todo el campo de la consciencia. Jung escribe: “las personas que constelan un arquetipo tienen tal efecto hipnótico.” Las personas que son cautivadas por un arquetipo tienen un efecto cautivador sobre los demás, cuando estamos bajo la fascinación de un arquetipo, involuntariamente tenemos una influencia fascinadora sobre los demás. Jung señala que “la identificación con una figura arquetípica presta fuerza casi sobrehumana al hombre común y corriente.” Las personas poseídas por su inconsciente tienen un efecto magnético, carismático y “posesivo” sobre el inconsciente de los demás. La parte de ellos que está hechizada evoca la parte sugestionable y endemoniada correspondiente de la psique de los demás y la engancha, embelesándola y arrastrándola en su giro arquetípico. En otras palabras, cuando alguien está poseído por un arquetipo, son, literalmente el canal a través del cual ese arquetipo, tanto a nivel local y no local, se está materializando en el campo, que es decir, que ejercen gran influencia energética en su entorno. Jung dice: “Pero el poder del arquetipo no es controlado por nosotros; nosotros mismos estamos a su merced a un grado insospechado…porque todo el mundo está ‘poseído’ en cierto grado por su preformación específicamente humana, está firmemente aferrado y fascinado por ello y ejerce la misma influencia sobre los demás sin ser consciente de lo que está haciendo. El peligro es precisamente esta identificación inconsciente con el arquetipo.” Hasta el punto en que nos identificamos con y por lo tanto poseídos por el arquetipo, es la medida en la que no somos conscientes de la correspondiente influencia que tenemos en el inconsciente de los demás. Esta es una situación peligrosa porque está inconscientemente, actuando a cabo de tal manera que garantiza que vayamos a abusar de nuestras cuestiones de poder no resueltas en la medida en que permanezcamos inconscientes.

Jung va directo al grano cuando escribe: “Cuando alguien es capaz de realizar el arte de tocar en el arquetipo, puede aprovecharse de las almas de las personas como el que toca la cuerdas de un piano.” La conexión con el arquetipo es como arrancar un acorde de mayores dimensiones de nuestro ser, que activa inmediatamente una resonancia en el inconsciente colectivo del que lo oye. Al igual que el péndulo con el swing mas fuerte arrastra a todos los otros péndulos en su apogeo, la persona que está canalizando el poder viviente de la fuerza arquetípica más profunda puede potencialmente en-colar y en-tranzar a otros. Este poder puede ser usado para el bien mayor –en ayudar a las personas a despertar—o puede ser usado para el mal más profundo con el fin de manipular, des-empoderar y esclavizar a otras personas. Siendo arquetípica, esta energía fundamentalmente no es ni buena ni mala, pero potencialmente puede manifestarse en cualquier dirección dependiendo de nuestra intención.

Hablando del poder hipnótico del arquetipo, Jung escribe: “Te trinca por debajo de la cintura y no en tu mente, tu cerebro simplemente no cuenta para nada, tu sistema nervioso simpático es agarrado. Es un poder que fascina a la gente desde dentro, es el inconsciente colectivo el que se activa, es un arquetipo común a todos ellos, que se ha avivado.” Cuando se constela un arquetipo, la lógica racional y los hechos no tienen ningún efecto. La profunda emoción que es característica de un arquetipo activado garantiza que, en palabras de Jung, “…la posibilidad de que la razón tenga algún efecto cesa y su lugar es ocupado por los lemas y las quiméricas de deseos y fantasías. Es decir, resulta en una especie de posesión colectiva que se desarrolla rápidamente en una epidemia psíquica.” El identificarse inconscientemente con un arquetipo es extremadamente peligroso, en cuanto a que está en la raíz de las psicosis, tanto individuales como colectivas. Nuestra tendencia a caer sin saberlo en las garras de un arquetipo, anima lo que está siendo escenificado en el teatro del mundo, es decir, que el origen de los acontecimientos mundiales es el inconsciente de la humanidad (por favor, ver mi artículo “It’s All in the Psyche” “Todo está en la psique”)

Jung escribe: “Nadie puede caer en la cuenta de un arquetipo sin primeramente haberse identificado con él.” Hablando de nuestra tendencia inicial para la identificación con y llegar a estar enganchados por arquetipos activados, Jung continúa, “…no puedes ser consciente de ellos sin haber sido exhaustivamente capturado por ellos.” Nadie puede entender su demonio sin primeramente haberse identificado inconscientemente con él, es decir, alcanzado por él, y por lo tanto, poseído por él. En el proceso de integración, tenemos que aprender a experimentar nuestro demonio arquetípico tanto desde el exterior como desde el interior. Experimentar el arquetipo desde el exterior significa experimentarlo de forma objetiva, como algo aparte de nosotros, que es el separarnos de él, porque un arquetipo, en palabras de Jung, “…puede ser verdaderamente entendido sólo si se experiencia como una entidad autónoma.” En última instancia, tenemos que ver ambos el arquetipo como objeto fuera de nosotros mismos, así como experimentar lo que se siente con relación a nosotros, lo cual es una experiencia dentro de nosotros mismos.

Tal vez haya una razón oculta en el plan más profundo de las cosas por la que, nosotros como especie, tenemos una tendencia a ser apoderados por nuestro inconsciente. Jung señala que “…los complejos autónomos están entre los fenómenos normales de la vida y conforman la estructura de la psique inconsciente.” Tener complejos autónomos, o tener un demonio o dos de repuesto en el armario, es un fenómeno humano “normal,” algo que todos poseemos, al mismo tiempo que nos posee. Identificándose con nuestro inconsciente de tal manera que actuamos escenificando, es decir, estar poseídos, parece ser una expresión natural de la experiencia humana. ¿Podría haber un potencial evolutivo oculto, una teleología subyacente, un misterioso propósito u objetivo, que nos está poseyendo para que actuemos como lo estamos haciendo?

Tal vez estemos siendo ideados para ser los mismos instrumentos y parteras a través del cual los arquetipos se transforman, transforman al mundo y a nosotros mismos también. Ser poseído por el inconsciente es, paradójicamente, la forma en que aprendemos a no ser poseídos, que claramente aun no hemos aprendido todavía, o no estaríamos poseídos. Al diferenciarnos del arquetipo, lo hacemos consciente, mientras nos creamos a nosotros mismos en relación a él. Al relacionarnos con el arquetipo de manera consciente, no caemos bajo la esclavitud del arquetipo, sino que somos capaces de mediar, humanizar y canalizar sus energías trans-personales y sus contenidos de manera constructiva, creativa y enriquecedora de la vida. A medida que nos conectamos con el otro a través de nuestra lucidez, podemos potencialmente convertirnos en un vehículo a través del cual los propios arquetipos se transforman y evolucionan, que instantáneamente y no-localmente, tiene un efecto transformador evolutivo por todo el campo entero de la consciencia colectiva.

Mitológicamente hablando, la figura del “aspirante a héroe,” que somos todos nosotros en potencia, siempre está habitada por un demonio. El tener un demonio instalado en nosotros es la misma cosa que “hace” de nosotros un héroe. Nuestra lucha heroica contra la garra paralizante del demonio es iniciática, en cuanto a que suscita nuestros latentes poderes creativos. El llegar a la concordancia y la lucha con nuestro demonio, es decir, con nosotros mismos, nos creamos a nosotros mismos. El demonio es la fuente de toda creatividad. Se necesita verdadero valor para hacer batalla con estas fuerzas internas y arrancarles el mítico “tesoro difícil de alcanzar,” que no es otro que nuestro ser de alma-llena. Jung comenta: “Como consecuencia de la situación política y los espantosos, por no decir diabólicos, triunfos de la ciencia, somos sacudidos y estremecidos por secretos y oscuros presentimientos, pero desconocemos la salida, y muy pocas personas realmente extraen la conclusión de que esta vez el tema es el por largo tiempo olvidado alma del hombre. ”

Cuando caemos en la cuenta de un arquetipo tal como el demoníaco, somos capaces, de adentro hacia afuera, de canalizar su poder trans-personal en un creativo, alma llena, espíritu vivificante que proviene de una fuente más allá de nuestro ego. Codificado en lo demoníaco está todo cuanto necesitamos para nuestra curación y auto-realización, como si lo demoníaco fuera una compensación del campo más unificado y unificador de la consciencia, que nos ofrece exactamente lo que se requiere para despertar. Los demonios son como máquinas nautilos psíquicas que soñamos para ayudarnos a desarrollar los músculos de la comprensión. Alquímicamente transmutando en el acto la potencial destrucción de lo demoníaco en estimuladores de nuestra propia lucidez creativa, damos a luz a nuestro demonio, nuestro guía espiritual. O más bien, en ese momento nuestro demonio nos da a luz a nosotros.

El caer en la cuenta de un arquetipo como lo demoníaco, es comprendernos a nosotros mismos como un agente activo y participativo en la creación de nuestra experiencia de nosotros mismos en relación con el mundo. Esta toma de consciencia viene con una gran responsabilidad. Se nos ofrece una elección: o seguimos destruyéndonos a nosotros mismos, o aprendemos juntos cómo crear un nuevo mundo. Todo depende de nuestro reconocimiento de lo que se nos está revelando mientras actuamos a cabo nuestro inconsciente en el mundo. La emergencia de lo demoníaco en nuestro mundo es a la vez potencialmente y realmente la puerta de entrada y la revelación de la luz. Al ser una función de nuestra consciencia, el cómo se materializa lo demoníaco – cómo el mal destructivo más profundo, o cómo genio creativo, no depende de otra cosa de cómo lo que soñamos. Jung comenta: “El arquetipo es espíritu o anti-espíritu, lo que en última instancia demuestra ser, depende de la actitud de la mente humana.” Cuando llegamos a ser poseídos por el inconsciente, somos inconscientemente asumidos por nuestros primitivos instintos, nuestros instintos animales, de tal manera retrocedemos, involucionamos y caemos en nuestra naturaleza inferior. Jung explica: “Sólo el hombre animal puede ser poseído…Es más fácil hablar o discutir con un perro o una vaca que con alguien que esté poseído por tal figura. Porque no hay nada de lo que uno diga que impregne, y es imposible perforar la pared que levantan, es un muro de creencias inconscientes, y la gente detrás de la pared no puede ser alcanzada. Son totalmente inaccesibles. No hay acceso debido a que el ser humano se degrada al estado de un animal, y la cosa que parece funcionar no es un ser divino, es un fantasma.” Me imagino que todos conocemos a personas así, personas que están bajo un hechizo de tal manera que realmente no hay dialogo con ellos, ya que perversamente ingieren e interpretan la reflexión que se le está ofreciendo de su inconsciencia como prueba de la exactitud de su punto de vista deludido. Psicológicamente hablando, están poseídos, como si una “entidad” se hubiera hecho cargo, ellos ya no están ahí, y literalmente no tienen ni idea, de su circunstancia. Cuando un grupo de personas en esta condición llegan a un acuerdo sobre la “verdad,” y se convierten en miembros con carnet de un “ismo” dogmático, se está fermentando una psicosis colectiva en el caldero del inconsciente colectivo.

PSICOSIS COLECTIVA

Jung nunca se cansó de advertir que el mayor peligro que enfrenta la humanidad es caer inadvertidamente en nuestro inconsciente en masa, de forma que nos convertimos en instrumentos para que una epidemia psíquica cause estragos en el mundo, tal como lo vemos hoy en día (por favor, ver mi artículo “Diagnosis: Psychic Epidemic” “Diagnóstico: Epidemia Psíquica”). Jung escribe que las epidemias psíquicas “…son infinitamente más devastadoras que la peor de las catástrofes naturales. El peligro supremo que amenaza a individuos, así como a naciones enteras es un peligro psíquico. “Estamos en medio de una psicosis colectiva que se ha vuelto tan normalizada que muy pocas personas ni siquiera hablan de ello, que es en sí mismo una expresión de nuestra locura colectiva. (Por favor véase mi artículo “Why Don’t We See our Collective Madness”? “¿Por Qué No Vemos Nuestra Locura Colectiva”?) Jung escribe: “…las psicosis colectivas se basan en un arquetipo constelado, aunque, por supuesto, este hecho en absoluto se tiene en cuenta. En este sentido, nuestra actitud se sigue caracterizando por una inconsciencia prodigiosa.” Una vez que se activan los contenidos arquetípicos en el inconsciente, Jung elabora, es como si “hubieran tomado posesión de ciertos individuos, irresistiblemente uniéndolos mediante la atracción mutua y tejiéndolos en grupos pequeños o grandes que fácilmente podrían engrosar en avalancha.” La gente que ha caído en su inconsciente naturalmente se atrae y conecta entre sí, mientras recíprocamente refuerzan la locura ajena. Se consigue conjurar una burbuja compartida impenetrable de creencias rígidas en torno a ellos que desvía y resiste cualquier auto-reflexión que amenace su punto de cosmovisión fija. Cualquiera que les refleje de vuelta su estado inconsciente es demonizado y visto como hereje, blasfemo y enemigo.

Aunque usa a individuos como sus instrumentos, el mal necesita las masas inconscientes para su génesis y proliferación en el escenario mundial. Las masas siempre están engendrando caldos de cultivo de epidemias psíquicas. En una psicosis colectiva hay una mentalidad de rebaño, donde la gente deja de pensar por sí misma permitiendo que otros piensen por ellos, como ovejas (“borregos”) que sólo siguen a donde quiera que sean dirigidos. Jung escribe que quien compre el acordado conjunto de pensamiento de grupo “está infectado con la lepra del pensamiento colectivo y se ha convertido en un recluso de esa insalubre finca de siembra llamada el Estado Totalitario.” Cuando cedemos nuestro poder, siempre hay alguien portando la autoridad del Estado quien está más que contento en aceptar nuestra ofrenda, alimentando la insaciable voluntad de poder de la sombra. Jung comenta, “El bastón del pastor pronto se convierte en una barra de hierro, y los pastores se convierten en lobos.” Siendo arquetípico, el proceso recíproco de las personas regalando su poder a otras personas que lo abusan, simplemente porque pueden hacerlo, se ha recreado continuamente en sí a lo largo de toda la historia.

Jung nos advierte que “Las cosas más peligrosas del mundo son inmensas acumulaciones de seres humanos que son manipulados por unas pocas cabezas.” En una psicosis colectiva, los muchos son manipulados por los pocos que sienten atracción por mantener el poder sobre los demás. Jung señala que: “El que prefiere el poder, está por lo tanto, en la visión cristiana, poseído por el diablo. El psicólogo sólo puede estar de acuerdo.” En una epidemia psíquica, las masas, dirigidas e inspiradas por los pocos que están perversamente poseídos por y adictos a la necesidad del poder, conspiran en conjunto con, apoyan y refuerzan mutuamente las creencias irracionales de los demás, las necesidades narcisistas y miedos, creando una cultura loca increíble. Esta cultura, o falta de ella, es a la vez la causa y el efecto de su locura, ya que colectivamente encarnan la profecía auto-cumplida viviente. Se convierten en instrumentos mediante los cuales el DNL, el demonio no local, se reproduce, como una hidra de múltiples cabezas, en, como, y a través del campo.

BENDICIONES DISFRAZADAS

Jung escribe: “Este estado de posesión se manifiesta casi sin excepción en el hecho de que los poseídos se identifican con el contenido arquetípico de su inconsciente, y porque no caen en la cuenta de que el papel que está siendo lanzado sobre ellos es el efecto de nuevos contenidos aún por entender, ejemplifican estos concretamente en sus propias vidas, convirtiéndose así en profetas y reformadores [en el sentido negativo, como caer en una inflación megalómana].” Las personas que han sido engullidos por el arquetipo y han caído en el inconsciente, en lugar de aclarar e integrar el significado de los contenidos inconscientes activados dentro de sí mismos, involuntariamente escenifican la dimensión simbólica mítica de “el papel que les está siendo lanzado” en forma concretizada, literal sobre el escenario de la vida. Los nuevos contenidos se entienden cuando nos damos cuenta de que el rol que llega a través de nosotros tiene su origen en el propio inconsciente colectivo, como si estuviéramos interpretando un papel en un drama cósmico. Además de conferir sobre nosotros una opción de cómo queremos interpretar este papel, este descubrimiento también nos despierta a la identificación personal con el papel. La parte de nosotros que ha sido inconscientemente poseída se libera, creando más consciencia en el proceso.

Cuando llegamos a ser absorbidos por el inconsciente, por citar a Jung, “…el inconsciente en gran medida expulsa y suplanta la función de la mente consciente. El inconsciente usurpa la función de la realidad y la sustituye por su propia realidad. Pensamientos inconscientes…se manifiestan en juicios inquebrantables sin sentido, sostenidos en la cara de la realidad.” Cuando nos encontramos haciendo caso omiso a las pruebas fácticas y celebrando una creencia “mágica” que racionalmente sabemos de ser incierta, estamos bajo un hechizo, siendo “impulsados” por el inconsciente, que está en ese momento en el asiento del conductor. Los factores psíquicos que hacen posible la posesión son la sugestionabilidad, la falta de discernimiento crítico, la falta de voluntad o incapacidad de auto-reflexión, el miedo, y la tendencia a la superstición y prejuicios. Los contenidos que nos apoderan cuando somos poseídos por el inconsciente aparecen como fobias, afección exagerada, convicciones peculiares, idiosincrasias, planes obstinados, compulsiones y obsesiones, todos de los cuales no están abiertos a debate o corrección.

Los demonios trabajan a través de nuestra psique, “gestionando nuestras percepciones” de tal manera que somos incapaces de ver su influencia. Los demonios deslumbran, hechizan, y endemonian la consciencia de tal manera que nos cegamos a nuestra propia asumida perspectiva subyacente. Caemos bajo su hechizo cuando nos extasiamos por nuestra propia versión de la realidad, de tal forma que creemos que el mundo “objetivamente” existe como lo percibimos, separados de nuestra propia mente. En otras palabras, caemos bajo el poder de los demonios cuando nos obsesionamos con nuestro punto de vista fijado no negociable e imaginamos que lo que estamos viendo objetivamente existe, en estado sólido, fuera de nosotros mismos, de manera aplicable a todos. Entonces atraemos hacia nosotros toda la evidencia que necesitamos para demostrarnos a nosotros mismos la verdad aparente de nuestro punto de vista evidente, lo que confirma el espejismo de que estamos separados de, y no participando en contribuir a crear la misma situación en la que nos encontramos, que estamos en última instancia, creando. A esto lo llamo “Síndrome Delirante Aparticipatorio”, o SDA por sus siglas (Por favor véase mi artículo “Delusions of Separation” “Deliraciones de Separación”).

Por otro lado, rompemos el hechizo de los demonios cuando nos damos cuenta de que cada momento de nuestra experiencia es inseparable de nuestra propia consciencia, que es reconocer la fluida, no objetiva y, por tanto, “naturaleza onírica” de la realidad. Al igual que figuras en un sueño, los demonios están, en última instancia, hablando, nuestra propia energía, y no separados de nuestra mente (por favor, ver mi artículo “God the Imagination” “Dios la Imaginación”). Al igual que un sueño, la forma en que observamos el mundo literalmente evoca, el mundo que estamos observando. Esto significa que es a través de nuestra consciencia en sí que podemos intervenir en la matriz subyacente de la creación y encontrar el punto de apoyo en el que podemos cambiar el sueño despierto que estamos teniendo, que es la “evolución en acción”. Curiosamente, no nos habríamos despertado ni tenido esta realización sin la cooperación antagonista de los demonios, es decir, los demonios son secretamente aliados disfrazados, los catalizadores de consciencia apareciendo como adversarios, bendiciones disfrazadas (véase mi artículo “The Light of Darkness” “La Luz de la Oscuridad “).

NO ERES EL ÚNICO

Jung escribe: “La regla psicológica dice que cuando una situación interna no se hace consciente, ocurre exteriormente, como destino.” En la medida en que no estamos conscientemente trabajando sobre la integración, a través del proceso de individuación, el contenido y conflictos inconscientes que se activan dentro de nosotros, es el grado en que estos contenidos psíquicos se manifestarán externamente y serán inconscientemente actuados a cabo colectivamente de una manera literal, concreta en el escenario mundial. Jung comenta: “Uno no debe eludir este conflicto escapando a un estado prematuro y anticipado de redención, de lo contrario uno lo provoca en el mundo exterior. Y eso es del diablo.” Un contenido psíquico activado no realizado conscientemente en el curso de la individuación se manifiesta externamente, donde es “ideado” en, como, y por el mundo exterior. Para utilizar la metáfora de Jung, el patrocinador de este/a proyecto (proyección) es “el diablo.”

Jung dice: “Las potencias mundiales que dominan sobre toda la humanidad, para bien o para mal, son factores psíquicos inconscientes…Estamos inmersos en un mundo creado por nuestra propia psique.” Esto trae a la mente diversas citas de la Biblia acerca de “poderes y principados” que gobiernan sobre la humanidad, que es la expresión metafísica equivalente de nuestra situación psicológica. El Evangelio de Lucas, por ejemplo, tiene el diablo diciendo que los reinos del mundo están bajo su control (4:5-6). El Evangelio de Juan habla del diablo como “el príncipe de este mundo.” (14:30, 16:11). La primera carta de san Juan dice que “el mundo entero está bajo el poder del maligno.” (5:19). Pablo habla de Satanás (Gal. 1:04.; Cor 4:04) como “el dios de este mundo.”. Tanto como si lo llamamos un demonio o un factor psíquico inconsciente, la fuerza que nos gobierna es creada por y una expresión de nuestra propia psique.

Reflexionando sobre la Primera Guerra Mundial, Jung dice: “Cuando el destino, durante cuatro años enteros, juega una guerra de horror monumental en el escenario de Europa – una guerra que nadie quería – a nadie se le ocurrió preguntar exactamente quién o qué había causado la guerra y su continuación.”. Del mismo modo, en la actual “guerra contra el terror,” una guerra que nadie, o al menos muy pocas personas quieren, debe ocurrírsenos preguntar exactamente quién o qué ha provocado esta guerra y su continuación. Jung continúa: “Nadie cayó en la cuenta de que el hombre europeo estaba poseído por algo que le privó de toda voluntad. Y este estado de posesión inconsciente seguirá sin inmutarse hasta que nosotros los europeos nos asustemos de nuestra ‘divina-omnipotencia’ [inflación]. Tal cambio solo puede comenzar con individuos, porque las masas son bestias ciegas, tal como las conocemos a nuestro pesar.” El verdadero portador de la vida es el individuo. La transformación real no viene a través de los movimientos de masas, o nuevas leyes, sino a través de cambios en el individuo.

Hablando de los efectos de la identificación con, poseído e inflado por el inconsciente, Jung escribe: “Todo lo que supere un determinado tamaño humano evoca poderes igualmente inhumanos en el inconsciente del hombre. Demonios totalitarios son provocados.” Como resultado de convertirse en demasiado unilaterales en un universo multilateral, los “demonios totalitarios” se “imaginan,” tanto en el inconsciente y, sincrónicamente, en el mundo exterior. Eventos en el mundo exterior son reflejos simbólicos de lo que estamos soñando en el interior de nosotros mismos (por favor, ver mi artículo “Catching the Bug of Synchronicity” “El Contagio del Microbio de la Syncronicidad”). Lo que esto significa es que la forma más eficaz para cambiar el mundo es cambiar nosotros mismos.

Jung escribe: “…los acontecimientos históricos de nuestro tiempo han pintado una imagen de la realidad psíquica del hombre en colores indelebles de sangre y fuego, y le ha dado una lección de ejemplo práctico que nunca será capaz de olvidar si – y esta es la gran pregunta – ha adquirido hoy la suficiente consciencia para mantenerse al día con el ritmo frenético del demonio dentro de él.” ¿Seremos cada uno de nosotros, capaces de mediar, canalizar y transformar la energía demoníaca arquetípica que está fluyendo a través de nosotros, en creatividad de tal manera que podamos constructivamente construir un mundo nuevo? Esta es la pregunta en cuya respuesta descansa la futura supervivencia o la destrucción del mundo tal como lo conocemos.

Jung dice, “la humanidad, debido a su desarrollo científico y tecnológico, en medida creciente se ha entregado a sí mismo a los peligros de la posesión…El peor pecado del hombre es la inconsciencia…¿Cuándo vamos…con toda seriedad a buscar las vías y medios que le exorcicen, para rescatarlo de la posesión y la inconsciencia, y hacer de esta la tarea más vital de la civilización?” ¿Cuándo vamos a hacer “la tarea más vital de la civilización,” el exorcismo de los demonios que nos están poseyendo? En otras palabras, ¿cuándo vamos a hacer que nuestra tarea más vital sea “despertar?”

Jung vio esta manifestación demoníaca actual como expresión arquetípica de los trastornos potencialmente catastróficos que acompañan a las grandes transiciones de una época a otra. Cuando un arquetipo como el demoníaco aparece, tanto en nosotros mismos como en el mundo, las cosas se vuelven críticas, con posibilidades de bueno y malo por igual. De cómo resulten las cosas en realidad depende de cómo la consciencia responda ante la situación. Durante una manifestación colectiva de lo demoníaco, tal como la que tenemos hoy en día, el gran peligro es un movimiento de masas en el que millones, o incluso miles de millones de personas caigan en su inconsciente juntos, encendiendo una epidemia psíquica que genera una guerra apocalíptica que hace estragos de la vida en la Tierra y destruye la biosfera del planeta (ver mi artículo “Archetypal Dimensions of World Events” “Las Dimensiones Arquetípicas de los Acontecimientos Mundiales”). Para citar a Jung: “El inconsciente funciona a veces con la más increíble astucia, organizando ciertas situaciones fatales, experiencias fatales, que hacen que la gente despierte.” La catástrofe sólo puede evitarse si suficientes personas se despiertan a lo que se nos ha revelado mientras escenificamos a través del inconsciente, y luego conectamos con los demás con el fin de des-activar, asimilar y transformar los posibles efectos perjudiciales del demonio activado. Podemos entonces, bajo la dirección del Ser, nuestra integridad intrínseca, ayudarnos unos a otros a marcar el comienzo de una nueva era de paz sostenible, la comprensión y la cooperación mutua. Nuestra existencia muy continuada como especie en este hermoso planeta depende de esta compresión.

El ser pesimista y creer que no podemos cambiar la trayectoria del comportamiento suicida de nuestra especie en trance es estar bajo un hechizo, es estar caído bajo una “maldición del demonio.” Haber caído bajo tal hechizo, sólo fortalecemos y solidificamos nuestra hechizada convicción, actuando como si no hubieran otros resultados posibles. El pesimismo es alimento para los demonios (Véase mi artículo “Our Situation is Dire, and There’s no Need for Pessimism” “Nuestra Situación es Grave, y no Hay Necesidad de Pesimismo”). Es una locura no invertir nuestra energía creativa en imaginar que podemos “unirnos,” e igual locura el pensar que no podemos. Si no estamos invirtiendo nuestra imaginación creativa en formas para que podamos sanar y despertar, entonces ¿qué estamos pensando? Al igual que en un sueño nocturno, cuando un número suficiente de nosotros estemos lúcidos en el sueño despierto de la vida, podremos conectar con los demás y juntar nuestra lucidez, cambiando el mundo de manera positiva en el proceso (por favor, ver mi artículo “Lucid Dreaming” “Sueño Lúcido”).

Si la gente me dice que soy un “soñador” cuando yo profeso estas creencias idealistas y aparentemente ingenuas, me limitaré a decir que, en palabras del fallecido John Lennon: “Yo no soy el único.” Hay cada vez más cantidades crecientes de nosotros – ¿millones de personas? ¿Miles de millones? – Por todo el planeta que, de diversas maneras están siendo reclutadas por el mismo Ser para ser canales de un proceso más profundo de despertar, facilitando una amplia gama de posibilidades totalmente nuevas y nunca antes imaginadas que se hagan disponibles para nosotros. El universo está soñando despierto en sí a través de nosotros. Cuando un número suficiente de nosotros simplemente reconozca el profundo, patrón arquetípico que está sucediendo, es decir, que el universo se está despertando a sí mismo a través de nosotros, podemos “unirnos” e “imaginar,” y ayudarnos a profundizar y estabilizar nuestro mutuamente compartido despertar, lo que yo llamo “soñar despiertos.” Como sanadores heridos, chamanes, soñadores y artistas cuyo lienzo es la vida misma, podemos crear conjuntamente un “Art-Happening Called Global Awakening.” “Art-Happening Llamado Despertar Global.”

El verdadero demonio es nuestro aferramiento al ego. En la medida en que estamos bajo la influencia aparente de un demonio es el grado en que nos aferramos y agarramos, tratando de sujetarnos a nuestro concepto de nosotros mismos como un ser discreto y separado, cuando en realidad no hay nada (ninguna “cosa”) a qué aferrarse. En la medida en que estamos aferrados o agarrados, hemos caído en el auto-refuerzo, el patrón habitual de contraer contra nosotros mismos, y al hacerlo estamos bloqueando nuestra propia luz. Podemos, en este mismo momento, salir de nuestro propio camino y dejar que brille nuestra luz.

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3 comentarios en “¿ESTAMOS POSEÍDOS?

  1. De acuerdo Ya Cuomo muchos sin Temor lo habia presentido a despertar del este infierno del mal para un planeta mas sano y unido a dios y al espiritu Santo yo voy en esa linia de liberacion

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